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domingo, 15 de marzo de 2015

Dime qué prometes y te diré lo que no haces

Se veía venir con el año nuevo: promesas, promesas y más promesas. Aunque oficialmente haya campaña electoral en Andalucía, desde principio de año se ha empezado el asalto al poder mayor, que reside en el Gobierno estatal, de camino, las elecciones autonómicas. No se puede entender de otra forma que ahora se quieran tomar medidas como la última, para “ayudar a autónomos”,  cuando se les ha asfixiado con una exigente fiscalidad durante todo el mandato.
Lo más increíble es intentar colar una medida como una mejora cuando es lo contrario. Me refiero a la nueva ley de enjuiciamiento criminal. Más allá del absurdo juego de palabras entre imputado o investigado (como si tener a alguien bajo sospecha en un cargo público fuera más tranquilizador), obligar por ley a terminar un proceso judicial es tan absurdo como malintencionado. Está claro que deseamos una justicia rápida pero también eficaz y como la propia palabra indica, justa. Tal vez la dilatación en el tiempo de casos que afectan directamente al partido gobernante, como el caso Gürtel o el caso Bárcenas, haya llevado a esta pantomima que encima según el Gobierno deberíamos alabar. El problema no es el largo tiempo sino la causa de esta dilatación. Los jueces necesitan, y así lo han solicitado en varias ocasiones, personas especialistas en asuntos económicos para intentar desenredar estas complicadas tramas para esquilmar las arcas públicas. Sin embargo, no se ha hecho caso, al contrario se aprueba esta ley al tiempo que se borran ordenadores, se ponen trabas desde Hacienda y se presume de querer transparencia. Todo esto además, palabras textuales de la Vicepresidenta: “responde a una demanda social muy clara”. No sé si tiene claro que la sociedad demanda el fin de la corrupción y sobre todo que no se encubra a los corruptos y esto se hace con mayor colaboración y menos temporalizaciones.
En definitiva, las palabras abundan, los gestos hablan. Con esta avalancha de promesas que nos vienen necesitamos un esfuerzo para que las palabras no tergiversen la realidad. Por ejemplo, se repite hasta la saciedad que lo privado funciona mejor y con la continua privatización o externalización de servicios en sanidad, no se observa una mejora en el servicio, al contrario, hay un claro deterioro, todo con los recortes como excusa y el negocio para unos pocos como resultado. Otro ejemplo, el libre mercado permite competitividad y mejorar los precios, pensemos en el sector energético, sobran más palabras.

Así pues, cuando día tras día veo repetir promesas tan vagas como repetitivas, pienso que para ser político de primera fila no es necesaria una sólida formación en derecho, ni en economía, ni en idiomas, ni en negociaciones, sobre todo hay que tener poca vergüenza o poca memoria.

domingo, 12 de octubre de 2014

Por qué Ana Mato debe dimitir

Ante la alarma que se ha producido por el contagio de una de las auxiliares de enfermería que atendió a unos de los enfermos de ébola españoles repatriado, muchas voces han reclamado la dimisión de la Ministra de Sanidad, Ana Mato. Me uno a esas voces. Solicito su dimisión.
Es una vergüenza reclamar lo que en muchos países con un bagaje democrático mucho mayor que el de nuestro país, es práctica habitual. Los políticos cuyas decisiones han resultado ser errores manifiestos asumen sus responsabilidades y dimiten, aunque sea por decencia política, algo de lo que parecen carecer los mandatarios de nuestro país. Por no hablar, de aquellos políticos salpicados por algún caso de corrupción en otros países, que dimiten ante la mirada reprobatoria de sus compañeros de partido, que rechazan inmediatamente su actitud y no esperan a ningún veredicto judicial.
Porque Ana Mato, en realidad no es que deba dimitir, es que ya debería haber dimitido. El caso Gürtel ha salpicado directamente a ahora exmarido, Jesús Sepúlveda. Ya en su momento, la única explicación que dio fue que cuando Jesús Sepúlveda recibió esos regalos ya estaban separados. Se mostró después que había algunos regalos, como viajes, que fueron anteriores y además ante la pregunta concreta de los viajes la actual Ministra de Sanidad contestó que “los viajes se los pagaban ella y su marido”. A pesar de tal cúmulo de incoherencias sigue en su cargo. El resto de miembros del Gobierno y su partido guardan silencio o incluso la apoyan. Sin embargo, como ciudadano no me cabe duda de su incapacidad para continuar como Ministra de Sanidad ya que a la luz de los hechos las conclusiones lógicas son claras: o miente, y por tanto, conocía estos pagos y es cómplice, o, si fueron realizados estos regalos-pagos sin su conocimiento, muestra una cándidez e ineptitud impropias de que alguien en quien se deposita la confianza para dirigir un ministerio de tal importancia.
A esto se une su pésima gestión en el caso del tratamiento del ébola en España. No sé si fue soberbia o ineptitud pero organismos como la OMS ofrecieron su asesoramiento cuando en agosto se repatrió el primero de los misioneros afectados por ébola, sin embargo, no se  utilizó esta información y se dijo que no era necesario. Ahora, se quiere limpiar la imagen con un cambio en el protocolo que llega tarde y vuelve a mostrar lo que es gestionar con improvisación. Si en su momento se hubiera establecido un protocolo para estas contingencias que hubiera estado acompañado de la dotación material y de personal adecuada, no habría necesidad de estos cambios y con bastante seguridad la situación actual sería diferente.
Pero nada esto se hizo y esta crisis sanitaria ha mostrado muchas cosas: que los recortes sí han afectado a la calidad de los servicios sanitarios, que se procura antes  el ocultar información y escurrir el bulto que ser transparentes, que nadie asume responsabilidades y se buscan cabezas de turco (vergonzoso el intento de culpabilizar sólo a la enfermera), que nadie dimite.
En un colofón absurdo se ha establecido un gabinete de crisis del ébola que no dirige la ministra de Sanidad. Si ha demostrado su incompetencia ¿por qué sigue en el cargo? No sé que es peor tener una persona mal capacitada en un puesto de gran responsabilidad o que los compañeros de partido respalden ciegamente a esta persona. La guinda en este caso la puso el secretario nacional de Sanidad y Asuntos Sociales del Partido Popular, José Ignacio Echániz que consideró este sábado que “no es el momento de pedir responsabilidades políticas”. Hay que tener muy poca vergüenza y mucho descaro al pedir responsabilidad a la oposición cuando en su propio partido nadie las asume y durante el periodo anterior, como oposición, montaban verdaderos escándalos y coreaban como niños de colegio en pleno parlamento  “dimisión, dimisión”. Si no se piden responsabilidades políticas ahora, ¿cuándo se podrán pedir?, y lo que es más delirante ¿cuándo algún miembro del Gobierno las asumirá?


sábado, 12 de julio de 2014

Cuídate de los Padres de la Patria

Siempre he votado libremente y he procurado madurar mi decisión. Por supuesto, he escuchado el consejo de los más experimentados pero mi voto ha sido libre y meditado. Uno de los consejos que siempre he tenido en cuenta es que me cuide de aquellos que se proclaman Padres de la Patria. Sin ninguna duda, abundan en la Historia de la Humanidad ejemplos de estas actitudes. Mao se atribuyó poderes absolutos por el bien del pueblo Chino, así lo hicieron también otros mandatarios de regímenes comunistas totalitarios, el propio Hitler era proclamado Führer (guía) y sus medidas eran consideradas las adecuadas para la mejora de pueblo alemán por muy duras que pudieran parecer y por ello se consideraban traidores al Estado a aquellos que se posicionaran en contra. Sin irnos tan lejos, en la dictadura del general Franco cualquier oposición estaba prohibida y todas las medidas tomadas se hacían por el bien de España.
Deberíamos aprender de la represión que han llevado a cabo todos estos regímenes políticos y estar alerta ante cualquier gesto que pretenda usar las mismas excusas (bien del pueblo, la Patria, la grandeza de la nación, etc.). Esta alerta ha surgido esta semana. El Gobierno Español ha aprobado un decreto que ha modificado 26 leyes en un solo día, sin apenas debate. La función del Congreso de los Diputados es detentar el poder legislativo, es decir, discutir las leyes y aprobarlas, si un partido posee mayoría absoluta el gobierno apoyado por ese partido podrá aprobar cualquier ley pero al menos serán debatidas. La forma en que este Gobierno ha querido aprobar un decreto para “crecimiento, la competitividad y la eficacia” ha sido precipitada, chapucera y dictatorial. La excusa para tanta prisa ha sido por supuesto, el bien de todos los ciudadanos y se han justificado las medidas como necesarias para mantener el crecimiento y que los beneficios lleguen a los ciudadanos. ¡Cuidado!¡Alerta! Esto suena a Padre de la Patria. Todavía estoy intentando descubrir el beneficio que tendrá para la gran mayoría de ciudadanos la entrega del Registro Civil a los registradores mercantiles o la urgencia que hay en aumentar el capital privado en ENAIRE (antigua AENA).
 Lo que si se percibe es el beneficio que han tenido muchos hombres de negocios (bastante de los cuales tienen relación con miembros del Gobierno o del partido que los apoya) con las privatizaciones que se han llevado a cabo, como siempre con la justificación del bien para los ciudadanos y una mejor gestión. Así el ciudadano ha visto como se le han ido recortando servicios públicos básicos como la Sanidad. No se ha mantenido sumiso, afortunadamente vivimos en una democracia a pesar de que la forma de actuar del Gobierno parece contradecir dicho régimen, pero han molestado mucho estas protestas y por eso también ha sido necesario (no sé si también se ha considerado urgente) una ley de seguridad ciudadana que si bien se ha suavizado respecto a su anteproyecto (porque no ha habido más remedio en algunos aspectos al ser anticonstitucionales), sigue teniendo medidas que cohíben el derecho a protestar como un registro con los datos de los infractores (aunque sea por falta leve) y se estimarán con un subjetivo “perturbación grave de la seguridad ciudadana” los efectos de una protesta no autorizada a la hora de catalogarla como falta muy grave.

Todos estos hechos y medidas no se pueden cubrir repitiendo la palabra democracia muy utilizada estos días por miembros del PP. Quieren dar lecciones de democracia a la nueva fuerza política, Podemos, pero ellos no hacen gala de ella en sus actuaciones. Durante su legislatura se ha tomado de medidas restrictivas para el Bienestar y quieren justificarlas con el miedo “si no hubiéramos tomado estas medidas hubiera sido inevitable el rescate”, una nueva tomadura de pelo, el rescate se llevó a cabo, camuflado como rescate bancario, si acaso más sangrante ya que el dinero fue directamente a bancos y estamos pagándolo con nuestros impuestos (esos que iban a bajar y subieron). Se habla de lo fatal que hubiera sido el rescate al dejar sin independencia al país en política económica cuando llevaron a cabo todas las medidas que exigió la UE para recibir ese “no rescate” para los bancos. Todo esto se decide, se hace y luego se presenta como una serie de medidas para la mejoría de la nación y de sus ciudadanos. Cuando la mentira está a la orden del día en las declaraciones (la mentira o su mejores aliadas las medias verdades), cuando se observa como los ricos son más ricos y los pobres más pobres, cuando el país tiene más de 4 millones del parados y se quiere vender que somos el segundo país que más ha crecido en Europa, que volvemos a ser un grande de Europa (cuando nunca lo fuimos), cuando los escándalos de corrupción salpican a un Gobierno en el que nadie dimite, cuando un partido que gobierna y maneja el dinero público paga sus obras en B, sin declarar los pagos, cuando en algunas comunidades autónomas como la Valenciana se miente hasta a Europa en asuntos vitales como la Sanidad y se mantienen en sus cargos a políticos de dudosa gestión a no ser que entren por la puerta del juzgado, cuando todo esto se hace y encima se intenta amordazar al ciudadano en su protesta, sólo hay una salida, utilizar la democracia como ciudadano, en las próximas elecciones. Se ha de prestar atención, desde el descalabro de las elecciones europeas ha comenzado la maquinaria propagandística, enaltecerán sus logros, ocultarán sus fiascos, pero como ciudadanos hemos de observar qué medidas han tomado y sus consecuencias en nuestra vida diaria y en el futuro que nos espera. Cuídate de los Padres de la Patria porque querrán adueñarse de ella. Vota a quien quieras, pero mi consejo es: a ellos no.

sábado, 1 de marzo de 2014

Cambiar de tema

Reconozco que cuando una conversación no me interesa o toma unos derroteros poco recomendables para mí, cambio de tema. Suelo hacerlo con sutilidad, para que no se note mucho, enlazo la conversación con otro hecho que la desvía del camino que me incomodaba o intento introducir un tema que sea lo suficientemente atractivo para ir olvidando el que no era de mi interés. No creo que sea el único aunque sí que me llama la atención que el Sr.Presidente lo haya hecho con tan manifiestamente y con tanta complicidad periodística como se ha podido presenciar en el Debate sobre el Estado de la Nación.
Este debate se supone que es el más importante del curso político ya que en él se deben discutir los resultados de las medidas tomadas por el Gobierno durante el año. Es tal vez lo más parecido a un examen a la gestión del Gobierno. Se deben analizar pues los beneficios de esas medidas en la vida de los ciudadanos o la forma en que se han afrontado las dificultades. Esta suposición es muy optimista porque año tras año se observa cómo el gobierno de turno se dedica a la autopropaganda y las réplicas están preparadas de antemano cualquiera que haya sido lo expuesto anteriormente. Este año incluso para evitar que esas réplicas surgiesen ante lo peligroso que pudiera ser que por una vez se discutiese realmente cuál es la situación de la ciudadanía tras las medidas adoptadas, el Sr. Presidente lanzó un medida destinada a acabar con el mayor de los problemas, el desempleo. Una medida más que el Gobierno tuvo todo el tiempo del mundo en decidir y que se presentó en el debate sobre el estado, en general, de la nación.
Ante la mala costumbre que tenemos de inferir de lo anecdótico lo genérico, se quiso presentar una medida, cuyos beneficios están mucho más restringidos de lo que parece tras un análisis más profundo, como un ejemplo de la “magnífica” política del Gobierno a la hora de atajar ese problema, que en realidad no ha hecho sino aumentar tras la reforma laboral tan elogiada por sus autores. Muchos periodistas entraron al trapo y no únicamente los adeptos al régimen, ya que esta medida puntual fue remarcada en sus titulares.
Seguimos pues teniendo el problema de generalizar demasiado, de hablar y enredarnos en argumentos que pueden diferir mucho de la realidad y todo esto se enquista en la sociedad con una fuerza que su conversión en costumbre dificulta mucho su erradicación. Así es común hablar de funcionarios ociosos (a ver cómo iba a funcionar la Sanidad, Justicia, Hacienda, Educación y tantos otros servicios básicos, si esto fuera en verdad general) o de empresarios explotadores (a ver cómo iba a haber una mínima estabilidad social si todos fueran así). El discurrir del tiempo de nuestra vida con todas sus situaciones y problemas hace pesado y muy complicado frenar la imparable inercia de los tópicos. Sin embargo, ¿hemos de asumir la inutilidad de la denuncia ante lo que no corresponde a la realidad? ¿Hemos de conformarnos con tener políticos que en cada discurso se encargan de defender su puesto, su imagen ante los futuros votantes más  allá de los que puedan creer, más allá de su bien y la realidad? Sí, tal vez, en estos momentos esté pecando del mismo error que acabo de denunciar, de generalizar lo anecdótico, pero cuando un hecho se repite año tras año deja de ser casual y se convierte en regla común y esto creo que me autoriza a denunciar que se utilice de una vez el Debate sobre el Estado de la Nación para discutir la realidad del día a día de los ciudadanos y tomar medidas para mejorarla y no para ganar votos o puntos en las encuestas mientras se benefician unos pocos.


martes, 28 de enero de 2014

Mayoría sublevada

Un sistema democrático se supone que es aquel en el que la gente libremente puede elegir a sus gobernantes. En estas circunstancias el poder lo detenta el partido que obtiene la mayoría de los votos. Sin embargo, si esa mayoría se obtuvo con una serie de promesas que luego no se han cumplido, es más, si el Gobierno lleva a cabo medidas totalmente opuestas a las sugeridas (voy a ser más concreto, por ejemplo, los impuestos en España que se iban a bajar y se han subido y mucho), entonces, pierde legitimidad. Si la gente en el poder desoye al pueblo y se escuda en una mayoría obtenida en las urnas, pierden el apoyo y sobre todo la confianza. Lógicamente los ciudadanos se sienten estafados y engañados y, si su situación es precaria, el enfado puede tomar magnitudes peligrosas. La solución puede ser represiva, acallar las voces discordantes mediante la policía o cambios legislativos. A corto plazo se acabará con el problema pero será el germen de algo más grave que la protesta: la sublevación.
Esto se ha podido observar en Ucrania, donde los repetidos ruegos de sus habitantes han sido desoídos por el gobierno que ha defendido intereses personales o ideales propios que nos son compartidos por la mayoría (incluida una mayoría que en su momento confió en ellos durante unas elecciones). Este ejemplo de población civil sublevada y violentos disturbios debería servir de lección para otros países, como España. A parte de la fundamentada protesta de los trabajadores de la Sanidad Pública (ellos conocían mejor que nadie el peligro de la gestión privada al conocer el día a día del trabajo en Sanidad), en muchos otros ámbitos las protestan se multiplican y parece que la solución es una nueva ley de seguridad ciudadana que incluye el endurecimiento de las sanciones en las protestas en la calle. Tal vez debería tener más cuidado el Gobierno a la hora de elegir sus soluciones y ser fiel a un espíritu democrático, escuchar las protestas de los ciudadanos y preocuparse por la verdadera mayoría.

Sólo un apunte más ¿era tan urgente bajar el IVA en las transacciones de obras de arte mientras que durante meses se ha ignorado las peticiones del gremio del cine? Seguro que la mayoría no dispone de dinero suficiente para poder hacerse con obras de arte pero sí de disfrutar del cine. ¿Se gobierna en nombre de la mayoría pero para una minoría? Recuerdo, observemos otros países u otras épocas, así salta la chispa que provoca la sublevación.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Los listos

El mundo es para los listos. Esta frase la hemos oído a menudo. Desde un punto positivo puede ser un incentivo para despertar, para avivar nuestra inteligencia y ambición de vivir y progresar.  Ser avispado, vivo, ingenioso, pillo puede parecer algo acertado. Incluso si las acciones cometidas son moralmente reprobables, el espíritu del pícaro español tantos siglos ensalzado los cubre de una impunidad simpática. Pero claro, esto no es más que un elogio al egoísmo. Porque el pillo puede aprovechar una situación en un momento determinado pero si pasa a ser costumbre estamos ante  una forma de vivir individualista y apartada de la sociedad. No pretendo estigmatizar al que se cuela en el supermercado, se escaquea en el pago del fondo común o se escapa del trabajo en cuanto puede pero cuando este modo de actuar se convierte en un modo de vida, en una explotación de la mayoría de la sociedad, tenemos otros tipos de listos.
Hay numerosos casos de gente que ha tomado la frase inicial como lema vital y tenemos listos que más bien son aprovechados, sinvergüenzas, gente sin escrúpulos, mangantes, explotadores, interesados o simplemente caraduras. Me refiero, por  ejemplo, a aquellos que sacan su dinero a otros países para no pagar impuestos, a aquellos banqueros que sabiendo que unas personas mayores iban a perder los ahorros de una vida les embaucaron para vender productos financieros que eran una ruina, a aquellas grandes compañías que presionan a los gobiernos con el poder de su capital y logran legislaciones totalmente ventajosas para ellos e injustas para los ciudadanos, a aquellos países que vendieron el sueño de una Europa común cuando lo que querían un mercado con consumidores y mano de obra barata libre de aranceles, a aquellos que manipulan la información de los medios de comunicación públicos para desinformar y promocionar sus políticas por encima de la verdad objetiva y el servicio al ciudadano.
Sí, lamentablemente hay más ejemplos y muchos de rabiosa actualidad porque de manera repetida durante cada día de estos años de crisis se ha creado la situación ideal para muchos de estos listos que cual carroñeros aprovechan la situación para manejar a las masa desesperada. Así, un gobierno aprovecha la necesidad de ahorro económico para recortar servicios públicos fundamentales como sanidad y educación para beneficio de personas privadas, para acabar de un plumazo con derechos obtenidos por los trabajadores tras décadas de lucha social, para limitar el derecho a la protesta mediante leyes retrógradas con el cobarde argumento de mantener el orden entre las gentes de bien (siempre me ha intrigado a quiénes se refieren en esos casos), para preparar en definitiva un mundo mejor para unos pocos, limitar el estado de bienestar de los ciudadanos y controlar y vapulear cualquier protesta o revuelta ante tamaña injusticia.
 Los listos no han tenido escrúpulos en ningún estamento, más allá de alcaldes corruptos, sindicalistas ladrones, duques estafadores asistimos estupefactos, y yo personalmente horrorizado, a la falta de castigo a todas estas acciones. A una justicia que se muestra cada vez menos universal y claramente desigual. Porque los listos juegan bien sus cartas y, ya sea por una legislación injusta, por unos trucos dilatorios y tramposos de abogados  vendidos o por unos jueces y unos fiscales bajo coacciones interesadas y presiones de los poderosos, salen impunes.

Si somos tolerantes ante todas estas argucias, si nos limitamos a decir ante los casos de nepotismo y apropiación indebida del dinero público el “yo haría lo mismo”, nos abocamos a una sociedad injusta, egoísta e insolidaria, es decir, una sociedad sin futuro. Le damos todo el poder y abrimos las puertas a todos estos listos, y si ellos van de listos nosotros quedamos como………. eso. En definitiva, tenemos una sociedad que pierde cada vez más en manos de unos pocos y es hora de que como mínimo denunciemos a todos los que se están pasando de listos.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Lo legal no es sinónimo de justo

En esta sociedad, llamada de la información,  el manejo subversivo de los términos para crear confusión nos lleva a la paradoja de tener a nuestra disposición la mayor cantidad de medios de comunicación sin que ello nos lleve a estar mejor informados. Reconozco que intentar descubrir la verdad tras tanto subterfugio puede resultar agotador. Ha quedado claro que son pocos los políticos que ante un caso de corrupción o manifiesta ineptitud hayan presentado su dimisión. En los casos de corrupción se apela a la presunción de inocencia y a dejar que actúe la ley. Pocos han sido los políticos, si es que ha habido alguno, que se hayan apartado de sus cargos ante la sombra de la duda. Desde los dos partidos mayoritarios se ha utilizado el mismo argumento para estos casos (cuando les ha afectado a ellos mismos, claro), no sería justo alejar de la política a alguien acusado pero no condenado. Habría que recordar que en el caso de que alguien se aparte de la política puede volver si no es condenado y se disiparían muchas dudas. Otra cuestión es que el político no sea condenado pero su imagen se deteriore. En el juicio del famoso caso de los trajes el Sr. Camps fue exculpado pero su camaradería con el Sr.Correa (te quiero un huevo, incluido) mostró que lo legal no tiene porque ser ni ético ni moral.

Pero es que lo legal tampoco es sinónimo de lo justo. La mayoría de los desahucios han sido legales pero se han conocido muchísimos casos totalmente injustos. He aquí otra contradicción de nuestro sistema. Según el diccionario de la RAE, legal es perteneciente o relativo a la ley o al derecho, y unas de las acepciones de derecho es justo. Las palabras dicen una cosa y, como suele ocurrir, los hechos otra. Es cierto, que una justicia ideal es muy difícil de conseguir, prácticamente una utopía, pero cuando se detectan casos en los que esto es así y no se arregla con la mayor brevedad posible o hay ineptitud o mala intención. ¿Acaso se ha contagiado la lentitud del sistema judicial al legislativo? ¿Quién es el responsable de corregir estos desajustes?

La constitución rige el funcionamiento del Estado y establece una separación de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Se supone que el poder judicial ha de aplicar las leyes, éstas son aprobadas por las Cortes que detentan el poder legislativo  mientras que el Gobierno, titular del poder ejecutivo, ha de dirigir los distintos ámbitos del Estado y aprobar normas jurídicas o proponer leyes.  En la actualidad, parece ser que la prioridad en justicia por parte del Gobierno es cambiar la ley del aborto para mayor satisfacción del clero y no menos estupefacción de muchos ciudadanos que vemos como volvemos a un sistema retrógrado. Pero lo que es más grave, tras los distintos escándalos políticos y financieros (casos de corrupción y abusos o flagrantes errores bancarios) no parecen depurarse responsabilidades ni se siente que se haya hecho justicia. La facilidad con la que cualquier ciudadano que no observe escrupulosamente la ley (sobre todo en asuntos económicos) puede acabar en la cárcel parece contrastar con la dificultad para que entre cualquier político o alto ejecutivo de banca.

Todas estas sensaciones me llevan a dudar de algunos de los pilares de una sociedad democrática como la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley o que las Cortes representan al pueblo. Cuando se gobierna con una mayoría absoluta obtenida con promesas no cumplidas, cuando se rehuyen las explicaciones en las Cortes, cuando las leyes se muestran favorecedoras a un pequeño grupo exclusivo frente a la mayoría de los ciudadanos, se rompe la separación de poder legislativo y ejecutivo. A pesar de las diferencias detectadas entre legal y justo o precisamente por la observancia de éstas un Gobierno que no es capaz de hacer frente a las injusticias pierde su legitimidad.

En fin, espero que recordemos esto, sobre todo en las próximas elecciones cuando estallen los fuegos de artificio electorales como ha pasado con las olimpiadas, ejemplo claro de venta de esperanzas, cortina de humo y manipulación de sentimientos para obtener un evento que pagamos todos pero beneficia a unos pocos (los cacareados empleos y actividades económicas son migajas comparados con el gasto público, no nos engañemos, a la Fórmula 1 me remito).