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sábado, 12 de julio de 2014

Cuídate de los Padres de la Patria

Siempre he votado libremente y he procurado madurar mi decisión. Por supuesto, he escuchado el consejo de los más experimentados pero mi voto ha sido libre y meditado. Uno de los consejos que siempre he tenido en cuenta es que me cuide de aquellos que se proclaman Padres de la Patria. Sin ninguna duda, abundan en la Historia de la Humanidad ejemplos de estas actitudes. Mao se atribuyó poderes absolutos por el bien del pueblo Chino, así lo hicieron también otros mandatarios de regímenes comunistas totalitarios, el propio Hitler era proclamado Führer (guía) y sus medidas eran consideradas las adecuadas para la mejora de pueblo alemán por muy duras que pudieran parecer y por ello se consideraban traidores al Estado a aquellos que se posicionaran en contra. Sin irnos tan lejos, en la dictadura del general Franco cualquier oposición estaba prohibida y todas las medidas tomadas se hacían por el bien de España.
Deberíamos aprender de la represión que han llevado a cabo todos estos regímenes políticos y estar alerta ante cualquier gesto que pretenda usar las mismas excusas (bien del pueblo, la Patria, la grandeza de la nación, etc.). Esta alerta ha surgido esta semana. El Gobierno Español ha aprobado un decreto que ha modificado 26 leyes en un solo día, sin apenas debate. La función del Congreso de los Diputados es detentar el poder legislativo, es decir, discutir las leyes y aprobarlas, si un partido posee mayoría absoluta el gobierno apoyado por ese partido podrá aprobar cualquier ley pero al menos serán debatidas. La forma en que este Gobierno ha querido aprobar un decreto para “crecimiento, la competitividad y la eficacia” ha sido precipitada, chapucera y dictatorial. La excusa para tanta prisa ha sido por supuesto, el bien de todos los ciudadanos y se han justificado las medidas como necesarias para mantener el crecimiento y que los beneficios lleguen a los ciudadanos. ¡Cuidado!¡Alerta! Esto suena a Padre de la Patria. Todavía estoy intentando descubrir el beneficio que tendrá para la gran mayoría de ciudadanos la entrega del Registro Civil a los registradores mercantiles o la urgencia que hay en aumentar el capital privado en ENAIRE (antigua AENA).
 Lo que si se percibe es el beneficio que han tenido muchos hombres de negocios (bastante de los cuales tienen relación con miembros del Gobierno o del partido que los apoya) con las privatizaciones que se han llevado a cabo, como siempre con la justificación del bien para los ciudadanos y una mejor gestión. Así el ciudadano ha visto como se le han ido recortando servicios públicos básicos como la Sanidad. No se ha mantenido sumiso, afortunadamente vivimos en una democracia a pesar de que la forma de actuar del Gobierno parece contradecir dicho régimen, pero han molestado mucho estas protestas y por eso también ha sido necesario (no sé si también se ha considerado urgente) una ley de seguridad ciudadana que si bien se ha suavizado respecto a su anteproyecto (porque no ha habido más remedio en algunos aspectos al ser anticonstitucionales), sigue teniendo medidas que cohíben el derecho a protestar como un registro con los datos de los infractores (aunque sea por falta leve) y se estimarán con un subjetivo “perturbación grave de la seguridad ciudadana” los efectos de una protesta no autorizada a la hora de catalogarla como falta muy grave.

Todos estos hechos y medidas no se pueden cubrir repitiendo la palabra democracia muy utilizada estos días por miembros del PP. Quieren dar lecciones de democracia a la nueva fuerza política, Podemos, pero ellos no hacen gala de ella en sus actuaciones. Durante su legislatura se ha tomado de medidas restrictivas para el Bienestar y quieren justificarlas con el miedo “si no hubiéramos tomado estas medidas hubiera sido inevitable el rescate”, una nueva tomadura de pelo, el rescate se llevó a cabo, camuflado como rescate bancario, si acaso más sangrante ya que el dinero fue directamente a bancos y estamos pagándolo con nuestros impuestos (esos que iban a bajar y subieron). Se habla de lo fatal que hubiera sido el rescate al dejar sin independencia al país en política económica cuando llevaron a cabo todas las medidas que exigió la UE para recibir ese “no rescate” para los bancos. Todo esto se decide, se hace y luego se presenta como una serie de medidas para la mejoría de la nación y de sus ciudadanos. Cuando la mentira está a la orden del día en las declaraciones (la mentira o su mejores aliadas las medias verdades), cuando se observa como los ricos son más ricos y los pobres más pobres, cuando el país tiene más de 4 millones del parados y se quiere vender que somos el segundo país que más ha crecido en Europa, que volvemos a ser un grande de Europa (cuando nunca lo fuimos), cuando los escándalos de corrupción salpican a un Gobierno en el que nadie dimite, cuando un partido que gobierna y maneja el dinero público paga sus obras en B, sin declarar los pagos, cuando en algunas comunidades autónomas como la Valenciana se miente hasta a Europa en asuntos vitales como la Sanidad y se mantienen en sus cargos a políticos de dudosa gestión a no ser que entren por la puerta del juzgado, cuando todo esto se hace y encima se intenta amordazar al ciudadano en su protesta, sólo hay una salida, utilizar la democracia como ciudadano, en las próximas elecciones. Se ha de prestar atención, desde el descalabro de las elecciones europeas ha comenzado la maquinaria propagandística, enaltecerán sus logros, ocultarán sus fiascos, pero como ciudadanos hemos de observar qué medidas han tomado y sus consecuencias en nuestra vida diaria y en el futuro que nos espera. Cuídate de los Padres de la Patria porque querrán adueñarse de ella. Vota a quien quieras, pero mi consejo es: a ellos no.

domingo, 11 de mayo de 2014

Europa: de la ilusión al desencanto

En 1986, cuando España entró a formar parte de la entonces llamada Comunidad Económica Europea, yo aún era un niño. Aún no comprendía el significado de ese hecho más allá de que era un acuerdo con otros países de Europa. Ese acuerdo coincidió con una etapa de clara mejora económica del país que recibía los fondos de cohesión destinados a mejorar las condiciones en aquellas regiones menos desarrolladas dentro de los países que formaban parte de la CEE. Más adelante, en mi adolescencia, se ratificó el Tratado de la Unión Europea en Maastricht que ampliaba esa unión a aspectos más allá de los puramente económicos, hasta política exterior común e incluso un Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Era una idea realmente ilusionante, la búsqueda del bien común entre todas las naciones, trabajar juntos para un futuro mejor, sin conflictos, guerras ni marginación, sin pretensiones de hegemonía ni explotación. Era un reto difícil pero en mi juventud veía tomar cuerpo a mi ilusión de una humanidad feliz.
Sin embargo, la realidad se impone a los sueños, en ocasiones cruelmente. Esa Unión Europea se amplió pero también sufrió la falta de entendimiento en asuntos cruciales como la segunda Guerra del Golfo. No parecía que el acuerdo fuera posible y la Unión Europea estuviese realmente unida. Durante esos años, nos fuimos dando cuenta de la importancia en nuestras vidas de las medidas acordadas en el Parlamento Europeo. Tal vez, hoy en día más que nunca. Desde Europa nos han venido medidas judiciales alabadas como la nulidad de las cláusulas suelo o impopulares como la excarcelación de los presos a los que se aplicó la doctrina Parot.
Pero el golpe más duro que nos hizo despertar del sueño de la unión entre pueblos europeos vino del origen de la unión: la economía. Llegó la crisis, hubo alarma, reuniones baldías y al final, la reacción ante la gravedad de la situación de países miembros como Grecia, Irlanda, Portugal y España fue poco solidaria. La ayuda al débil se hizo de rogar, se establecieron condiciones muy duras, no se quería arriesgar el bien propio, la idea del bien común quedó aparcada. Algunos países incluso consiguieron beneficiarse de esta situación de necesidad (sí, me refiero a Alemania). Quedó claro que los dictámenes del mercado económico primaban sobre el bienestar de los ciudadanos.

Así pues, nos encontramos ante unas elecciones en que se elegirán los miembros de un parlamento que tomará decisiones importantes pero que estará  influenciado por los lobbies y aquel ente que en la actual situación toma dimensiones casi mágicas y divinas, el mercado. Ese influjo puede ser tan grande o mayor como el de la búsqueda del bien de los ciudadanos europeos y eso me causa desaliento. Tengo claro que voy a elegir una opción progresista, en algunos casos, la promesa del bien ciudadano cuando lo que se quiere es el beneficio de unos pocos es para mí evidente. Sin embargo, ahora que he llegado a mi madurez me encuentro con que mi ilusión en una Europa unida se ha transformado en desencanto.

miércoles, 9 de octubre de 2013

El acoso de la mentira

En muchas ocasiones el engaño tiene más lógica incluso que la verdad. Se puede plantear una serie de situaciones o aportar datos de tal manera que nuestra razón asiente sin ir más allá en el análisis de aquello que se nos presenta. Esto hace el engaño mucho más efectivo, prácticamente infalible y si algo queda patente en estos días es que en esta sociedad no hay mejores maestros del engaño que los políticos. Aparecen con sus cifras, estadísticas, estudios y sacan sus conclusiones totalmente dirigidas a sus intereses pasando por encima de la realidad si es necesario.
En su lectura de la vida cotidiana, tan lejos del quehacer diario en sus despachos y comisiones, los gobernantes presentan una visión que uno no sabe si se refiere a su país, a un futuro utópico o a tierras lejanas cuyas fantasías llenan las mentes de los más necesitados de un cambio. Tal vez por esta razón, me han indignado tanto las etiquetas como “presupuestos de la recuperación” o frases tramposas  como “los salarios no están bajando sino que se están moderando” o “presupuestos netamente sociales” que han lanzado en días recientes algunos ministros. Mientras, mucha gente continúa en el paro, las condiciones laborales se hacen más precarias y los servicios públicos básicos como educación y sanidad sufren un deterioro manifiesto. ¿Qué recuperación es esta? Espero que en un futuro nos recuperemos pero ahora mismo me parece temerario hablar de recuperación. Con unos pocos datos se nos quiere convencer de una serie de conclusiones partidistas: la mejora es gracias a la reforma laboral y a los recortes. Dudo mucho que sean la razón y si lo son están tardando demasiado y lo que es peor están condicionando el resultado de ésta. Así pues, ¿en qué condiciones quedarán los trabajadores cuando vuelvan al mercado laboral? Salarios que han bajado bastante su poder adquisitivo, impuestos más altos para obtener peores servicios y pagar una deuda que nos lastrará durante años y cuya responsabilidad no ha sido juzgada en ningún momento.
Esta mañana ha llegado la guinda. El Sr.Rajoy responde a las quejas del Sr.Rubalcaba respecto a la pérdida del derecho de atención médica de los emigrantes y al copago de los medicamentos suministrados en los hospitales. La respuesta es la típica de estos diálogos de besugos en que se han convertido las comparecencias en las Cortes, donde no se argumenta nada y se acusa mucho, donde se habla del tema que les interesa aunque no tenga nada que ver con el asunto en cuestión. El Sr.Rajoy ha comenzado hablando del aumento de parados entre 2008 y 2011 y a continuación ha justificado esas duras medidas por la necesidad de conseguir esa “maravillosa” recuperación. Dentro de esta respuesta ha dicho que se han conseguido disminuir desequilibrios. ¿De qué desequilibrios hablaba? ¿De la balanza comercial? Desde luego no será el desequilibrio entre las rentas de los ciudadanos ya que durante su gobierno ha quedado claro que su manejo de la crisis ha llevado a los ricos a ser más acaudalados y a los pobres a ver más comprometida su situación.

En definitiva esta defensa de su gestión, esa insistencia en la recuperación es otra mentira más que forma parte de esa maquinaria poderosa que tiene como siniestro lema “Una mentira repetida mil veces se acepta como verdad”. Tal vez sea la mentira más efectiva y ante la que nuestra propia visión de la realidad  nos ha de mantener alerta.

lunes, 27 de mayo de 2013

Confianza

La persona que junto con el presidente quizás tenga, oficialmente, mayor responsabilidad en las decisiones que nos deben de ayudar a salir de la crisis es, sin duda alguna, el señor Luis de Guindos, Ministro de Economía. Que esta persona diga en un acto en la Comunidad Valenciana que esta comunidad ”está siendo la locomotora de la recuperación”, parece una broma de mal gusto para aquellos que vivimos aquí y sabemos la dureza de los recortes realizados, sobre todo en sectores tan sensibles y vitales como la sanidad y la educación. Más si cabe si recordamos los continuos impagos a las farmacias y la patente falta de liquidez por el continuo y futuro pago de una deuda generada tras un gran dispendio en diversas actividades festivas y de autobombo.
En ese mismo discurso el Sr. Ministro habla de la trayectoria de España e indica que "pone de manifiesto que hemos recuperado una confianza que España no debería haber perdido nunca". Esa primera persona del plural ¿a quién engloba? Si se quiere referir a la mayoría de los españoles ¿de qué datos dispone para arrogarse esa opinión común? Debe sin duda de disponer de una información directa y abundante de la opinión de la ciudadanía y, al parecer, yo la percibo bastante distorsionada puesto que me da la sensación de que ocurre todo lo contrario. Pero ante todo hace uso de esa palabra mágica que nos sacará de la crisis: CONFIANZA. Era la clave para resolver la crisis, todas las medidas de austeridad, esa reforma laboral dura para el trabajador, todos esos sacrificios demandados a los ciudadanos tenían un objetivo principal, la recuperación de la confianza por parte de los mercados. Eso traería la solución ¿será a esos mercados, esos entes oscuros que manejan de manera fundamental nuestra economía y por tanto, nuestras vidas, a quien se refería en ese plural común?
Es difícil a estas alturas, precisamente, tener confianza en esas palabras. Ya han sido muchas promesas, muchas ilusiones para el futuro, que cada vez se hace más lejano, igual que se pide una prorroga en Europa para reducir el déficit se pide constantemente paciencia al ciudadano, pero ésta, al igual que el dinero de las arcas públicas se está agotando. Muchos de los ciudadanos que votaron al PP en las últimas elecciones depositaron su confianza en un programa que no se llevó a cabo, muchos incluso tuvieron confianza en que como gobernantes nos sacarían de la crisis, pero tras más de un año en el poder muchos la han perdido junto con su esperanza.
Esa desafección general hacia los políticos que se puede observar a diario en la calle tiene mucho que ver con esa falta de confianza. La corrupción, la escasa respuesta, la exigencia de sacrificios que no es apoyada por restricciones propias, la perpetuación de algunos individuos y en definitiva, la falta de contenido de sus discursos han minado la confianza que es la base de una votación. En unas elecciones, los ciudadanos depositan su confianza en un proyecto. Los políticos son, o habrían de ser, los representantes de los ciudadanos de manera que deben defender aquellas propuestas que hicieron, que convencieron al ciudadano y no mirar a otro lado para volver a proponerlas en periodo electoral. Sí, así de dura es la percepción del votante frustrado, si no es así, ya podrían explicarse mejor a aquellos cuyos votos y paciencia requieren según convenga.
Se podría argüir que la crisis es una cuestión económica, cíclica, global, difícil de controlar, pero en esas cuestiones ¿quiénes son los verdaderos depositarios de la confianza? Los bancos. Nuestro dinero se guarda en entidades en las que se confía, que no van a perder tu dinero, que van a cuidar de aumentar tu patrimonio. Así se presentan los bancos. No hay más que investigar un poco en la hemeroteca para observar otra broma pesada del destino. Hubo dos entidades bancarias, dos cajas de ahorros concretamente, que utilizaron la palabra confianza como reclamo publicitario, a saber: Cajamadrid y CAM. Muchos clientes confiaron en estas entidades cuando les ofrecieron esos productos tóxicos que han resultado ser las preferentes. ¿Qué autoridad moral tienen ahora para pedir confianza a los clientes? Llegado el momento todavía tienen un cinismo modelo. El presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, ha declarado recientemente: "No se ha rescatado a los banqueros, sino a los depositantes". ¿Nos seguirán pidiendo confianza después de tan enorme falta de responsabilidad, de excusarse de manera tan vil? ¿Por qué se ha tenido que rescatar a los depositantes sino por la mala gestión de los bancos?
La confianza es la que nos une a esas personas que consideramos amigos. Lo que fundamentalmente los hace diferentes del resto es que podemos confiar en ellos, nuestros secretos, nuestras ilusiones, nuestras opiniones, si se quiebra esta confianza se puede romper la relación. De la misma manera, aquellos que tienen el poder, políticos y banqueros, han de hacer más gestos y utilizar menos palabras, que por absurdas nos pueden parecer hirientes, si quieren recuperar la confianza de los ciudadanos que son los que han de tener el poder. Esta crisis económica ha derivado ante la ineptitud de unos y la falta de asunción de responsabilidades de otros en una verdadera crisis de confianza.