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domingo, 20 de septiembre de 2015

El caso catalán o la irresponsabilidad de los políticos

Ya han pasado meses desde que se convocaron las elecciones catalanas y más todavía desde que los partidos nacionalistas catalanes pidieron votar para conseguir la independencia. Meses de declaraciones incendiarias tanto por parte de los nacionalistas catalanes como de los nacionalistas españoles. Meses de enfrentamientos, desencuentros y sobre todo de propagación de un mensaje aprovechando incluso cualquier opinión de líderes mundiales para apoyar una causa u otra. Pero me he es difícil recordar, entre tanta declaración institucional y de expertos internacionales, las palabras de la gente de Cataluña. No me refiero a las palabras de la gente que ha acudido a la convocatoria de una manifestación por parte de alguno de los bandos. Quiero decir las palabras de los ciudadanos que desarrollan su vida en Cataluña, que viven allí.
En los medios de comunicación, se da voz a los políticos como representantes de la sociedad. Sin embargo, ante la radicalización de las posturas por parte de estos, tengo serias dudas de que en estos momentos esta representación sea real. Viví en Cataluña una temporada hace ya más de diez años y me parece que mucho han tenido que cambiar las cosas.
Entonces ya existía, por supuesto, el sentimiento de Cataluña como nación y ya había radicales (recuerdo un furibundo alegato antiespañol por parte de un compañero de trabajo que estaba indignado porque el desfile de las fuerzas armadas del año 2000 se celebraba en Barcelona, lo definió como una demostración de fuerza colonialista. Por otro lado, oía hablar con resentimiento a algunos castellanoparlantes sin ningún argumento más allá de odiar al que hablaba catalán porque ellos no dominaban la lengua). Pero esos casos eran una minoría, la gran mayoría de gente que conocí convivían en paz, en general, orgullosos de su lengua y cultura, algo dolidos por la beligerancia de algunos españoles fuera de Cataluña, pero principalmente gente que respetaba la opinión de aquellos que disentían de ellos.
Ahora las divergencias se revelan con un odio desmedido. He oído hablar a conocidos e incluso familiares con un rencor profundo contra los catalanes. En muchos casos aquellos que hablaban así no habían estado en su vida en Cataluña y no tengo claro que hayan hablado alguna vez con algún catalán. ¿Qué criterio seguimos en nuestras opiniones? Los medios de comunicación han convertido el debate en espectáculo. En su búsqueda de la audiencia hasta los informativos parecen estructurados para ello. Se cruzan las declaraciones de los líderes opuestos cual cruce de invectivas entre púgiles antes del combate.
Considero una tremenda irresponsabilidad por parte de los políticos y de los medios de comunicación hacer declaraciones poco tolerantes y fomentar la confrontación, unos por unos ideales con  un trasfondo económico (el dinero siempre está ahí) y otros por crear una tensión que mantenga sus índices de audiencia. Han faltado políticos que se dediquen a la negociación más que al lanzamiento de proclamas y medios que hayan hecho un análisis serio y cercano al pueblo en lugar de mostrar debates con palabras subidas de tono y soportadas por débiles argumentos.
Mi opinión: España pierde mucho sin Cataluña y Cataluña perdería mucho sin España. Hace tiempo que se deberían haber sentado las partes a hablar de las razones del desencuentro tras siglos de convivencia e intentar limar asperezas en lugar de lanzarse a una decisión tan trascendente como la secesión o la imposición militar.

Lo más lamentable es que la solución no se dará tras los resultados de las próximas elecciones. Personalmente creo que una mayoría parlamentaria no es representativa de una mayoría del pueblo catalán (se puede conseguir con menos de 50% de los votos). Lo que deben de hacer es calmar los ánimos y comportarse como políticos que escuchan a la ciudadanía y no quieran imponer sus preferencias personales.

domingo, 24 de mayo de 2015

Promesas y ruegos

Como profesor,  estoy acostumbrado a encontrarme hacia el final del curso con la siguiente situación. Muchos alumnos que durante el curso apenas han trabajado y no se han preocupado por sus resultados suplican ahora por un aprobado. Las primeras veces tienes la sensación de que están bromeando pero luego observas que verdaderamente creen que estos ruegos van a ser atendidos y que después de un año sin hacer nada les va a aparecer un aprobado milagrosamente. Tan increíble actitud podría justificarse por la posibilidad de que semejante táctica les haya funcionado en el ámbito del hogar ante sus padres,  pero como profesor no puedo desdeñar el alto poder didáctico de los ejemplos.

Si el ejemplo lo dan los políticos, que al ser elegidos representan a los ciudadanos, esta actitud de los jóvenes estudiantes no parece tan descabellada. Han podido observar durante esta campaña electoral como muchos gobernantes que vuelven a presentarse a las elecciones o representantes del mismo partido que lo hacen por primera vez, prometen un futuro idílico si los eliges, obviando totalmente la realidad que han legado tras sus cuatro años de gobierno. Algunos hacen una interesada referencia a algunos detalles mientras ignoran por completo otros aspectos, otros tantos se limitan a hacer una lectura totalmente partidista de la existencia aunque la situación generalizada no se vea en absoluto reflejada en ella. Así pues, con estos ejemplos de comportamiento, no debería extrañarme de ninguna manera ante las demandas absurdas de los alumnos ¿acaso no lo son más las de los políticos por nuestro voto?

domingo, 15 de marzo de 2015

Dime qué prometes y te diré lo que no haces

Se veía venir con el año nuevo: promesas, promesas y más promesas. Aunque oficialmente haya campaña electoral en Andalucía, desde principio de año se ha empezado el asalto al poder mayor, que reside en el Gobierno estatal, de camino, las elecciones autonómicas. No se puede entender de otra forma que ahora se quieran tomar medidas como la última, para “ayudar a autónomos”,  cuando se les ha asfixiado con una exigente fiscalidad durante todo el mandato.
Lo más increíble es intentar colar una medida como una mejora cuando es lo contrario. Me refiero a la nueva ley de enjuiciamiento criminal. Más allá del absurdo juego de palabras entre imputado o investigado (como si tener a alguien bajo sospecha en un cargo público fuera más tranquilizador), obligar por ley a terminar un proceso judicial es tan absurdo como malintencionado. Está claro que deseamos una justicia rápida pero también eficaz y como la propia palabra indica, justa. Tal vez la dilatación en el tiempo de casos que afectan directamente al partido gobernante, como el caso Gürtel o el caso Bárcenas, haya llevado a esta pantomima que encima según el Gobierno deberíamos alabar. El problema no es el largo tiempo sino la causa de esta dilatación. Los jueces necesitan, y así lo han solicitado en varias ocasiones, personas especialistas en asuntos económicos para intentar desenredar estas complicadas tramas para esquilmar las arcas públicas. Sin embargo, no se ha hecho caso, al contrario se aprueba esta ley al tiempo que se borran ordenadores, se ponen trabas desde Hacienda y se presume de querer transparencia. Todo esto además, palabras textuales de la Vicepresidenta: “responde a una demanda social muy clara”. No sé si tiene claro que la sociedad demanda el fin de la corrupción y sobre todo que no se encubra a los corruptos y esto se hace con mayor colaboración y menos temporalizaciones.
En definitiva, las palabras abundan, los gestos hablan. Con esta avalancha de promesas que nos vienen necesitamos un esfuerzo para que las palabras no tergiversen la realidad. Por ejemplo, se repite hasta la saciedad que lo privado funciona mejor y con la continua privatización o externalización de servicios en sanidad, no se observa una mejora en el servicio, al contrario, hay un claro deterioro, todo con los recortes como excusa y el negocio para unos pocos como resultado. Otro ejemplo, el libre mercado permite competitividad y mejorar los precios, pensemos en el sector energético, sobran más palabras.

Así pues, cuando día tras día veo repetir promesas tan vagas como repetitivas, pienso que para ser político de primera fila no es necesaria una sólida formación en derecho, ni en economía, ni en idiomas, ni en negociaciones, sobre todo hay que tener poca vergüenza o poca memoria.

sábado, 24 de mayo de 2014

Incitación al odio

El odio es con seguridad la emoción humana más negativa. El odio puede engendrar rencores, abusos, injusticias y muertes. Es por ello lógico que toda incitación al odio sea condenada y hasta cierto punto controlada por las fuerzas del orden. El asesinato de la presidenta de la Diputación de León generó numerosos comentarios en las redes sociales. Algunos de ellos fueron de mal gusto, siempre es reprobable la alegría ante la muerte ajena, no desees a los demás lo que no quieras para ti. Unos pocos fueron más allá y desearon que la muerte se llevase a otros políticos, alentaron este tipo de actos. Fue aquí donde intervino el poder judicial.
Es en este punto donde se da un paso firme pero polémico. Las redes sociales albergan numerosos comentarios que podrían ser reflejo del sentir global. Este nuevo medio de expresión permite la comunicación con mucha más gente que los medios tradicionales, pero además el uso de alias y la falta de contacto directo con los interlocutores dan una sensación de anonimato que desinhibe nuestra expresión y puede llevar a realizar comentarios poco meditados. He aquí la difícil cuestión de clasificar comentarios como poco apropiados o de mal gusto, frutos de un momento de frustración poco meditado o una incitación al odio considerada como delito.
Tras las detenciones de algunos autores de comentarios en redes sociales en los que se alentaba a acabar con la vida de algunos políticos, se han denunciado otras conductas mezquinas como las respuestas antisemitas tras la derrota del Real Madrid en la Final Four de este año. Ciertamente, los comentarios pueden ser considerados, al igual que los realizados tras la lamentable muerte antes mencionada, en una de las categorías anteriores. Lo que está más allá de toda duda, es que en mayor o menor medida son la expresión de un odio.
Aquí es donde, más allá de ser noticias de moda más o menos pasajera, más allá de suscitar una polémica entre el derecho a la libre expresión y la seguridad ciudadana o el respeto a los ciudadanos, hemos de reflexionar sobre el origen de este odio.
Fuera de las redes sociales, también se producen manifestaciones de ese odio. Condenables también son los actos de acoso y casi agresión al Sr. Montoro tras un acto en Cataluña. Sin embargo, es inútil la simple condena, hemos de reflexionar sobre la razón del odio que se manifiesta así. ¿Son las sólo las palabras las que pueden incitar el odio en las personas?¿No serán también las circunstancias, las decisiones que se toman, las injusticias o los actos de segregación social o económica no justificables?

Muchas son las protestas ciudadanas en estos días de dificultades económicas. Han llegado desde numerosos ámbitos y estamentos. Es evidente la sensación de desamparo de muchos ciudadanos que ven como aumentan sus impuestos y menguan sus  servicios, como se les piden esfuerzos que no se ven reflejados en aquellos que los exigen, como la justicia actúa implacable ante ciudadanos que pierden sus hogares por deudas con los bancos mientras algunos dirigentes o ex dirigentes de estas entidades (y por tanto los máximos responsables de sus desatinadas y, en algunos casos, fraudulentas decisiones) permanecen libres o enredados en interminables pleitos. Esto genera sensación de injusticia, de abuso de poder, de desigualdad de derechos y un rencor que se acumula hasta el aborrecimiento, una aversión gestada con el tiempo por las circunstancias en las que vivimos y por ello, el odio más peligroso.

sábado, 22 de febrero de 2014

Cuadrar cuentas

Una de las principales misiones de los gobernantes es gestionar el dinero que aportan todos los ciudadanos. No es una empresa y su principal destino es cubrir los servicios básicos y facilitar la vida de la población. Es por ello que la gestión del dinero viene condicionada a la consecución de un estado de bienestar para los ciudadanos,  que han elegido a sus gobernantes en un estado democrático. Cuando este orden se invierte, nos encontramos ante una realidad viciada, ante una usurpación de la soberanía popular.
Diversos asuntos indican, más allá de promesas vanas y manipulación de datos, que esto es lo que en realidad ocurre. El más directo los casos: la corrupción, se maneja el dinero público de manera que se consigue el beneficio del gestor (en este caso el político de turno)por encima del bien común. El caso más llamativo de esta semana la aparición de una cuenta en Suiza del Sr. Granados cuyo dinero no se sabe de dónde salió ni si se tributó lo que indica la ley. Se ha de investigar por encima de prescripciones y juicios de valor. Al preguntar por este caso como uno más de una serie de vergonzosos episodios por parte de miembros del PP en la Comunidad de Madrid, la respuesta fue la que va siendo habitual: “ y tú más”. Bien, puede ser un argumento de defensa ante el acusador pero ¿qué respuesta nos tenemos aquellos ciudadanos que no participamos de ningún gobierno y cuyo dinero está acabando en mano de políticos de sus partidos? ¿Hemos de callar y mirar a otro lado? ¿Hemos de permitir que se nos pidan esfuerzos mientras nos está robando? Indignación es lo mínimo que siento.
La crisis económica que sufre el país, que los economistas resumen en la falta de financiación de las empresas y la necesidad de competitividad pero que el ciudadano común vive como una subida de impuesto, un encarecimiento de los servicios y en los peores casos el desempleo y el desahucio, ha servido de excusa para medidas cuya utilidad me permito poner en duda al tiempo que me parecen un abuso en la gestión de los bienes públicos por parte de los gobernantes. El caso concreto de la privatización de algunos servicios públicos me parece ejemplificador. Hace unos años se privatizó el suministro de electricidad en todos los hogares, las razones aducidas fueron las habituales: un ahorro para el erario público, una mejor gestión y una mejora en los precios por la competencia entre las empresas suministradoras. El paso del tiempo ha ido desmontando esos argumentos. ¿Cuál ha sido el ahorro si mucha parte de la factura siguen siendo impuestos?¿Sufrimos menos apagones por la gran actualización de la red de suministro ahora en manos privadas?¿Qué competencias hay entre las empresas que tienen su propia organización y se muestran como un claro oligopolio? Sin embargo, sigue vendiéndose estos argumentos, ahora con los servicios médicos, como en la Comunidad de Madrid (gracias Marea Blanca por impedirlo de momento) y hasta con otro servicio básico como el suministro de agua (escandalosos me parece lo de Alcázar de San Juan).
Lo más lamentable es que los gobernantes quieren convencernos de que estas privatizaciones son por el bien común, no para beneficiar a algunas empresas y garantizar sus ingresos (todos necesitamos agua, electricidad y por desgracia tarde o temprano hemos de ir al médico). ¿Para qué se pagan impuestos si no es para tener garantizados estos servicios básicos?

La Guerra Fría acabó con la victoria del Capitalismo tras la caída de los regímenes comunistas víctimas de la mala gestión de los bienes públicos por unos dirigentes acaparadores de privilegios. El capitalismo no se muestra mucho mejor en estas cuestiones. Los bienes están en manos de unos cuantos que dirigen la economía mundial. Las decisiones económicas de un estado parecen estar supeditadas al dictamen de las agencias de rating. Moody’s nos ha elevado la categoría, ¿hemos de dar saltos de alegría? Todos los organismos internacionales de control económico, FMI, BCE, etc., se preocupan por una cuestión principal: cuadrar las cuentas. El bienestar de los ciudadanos de ese país es una cuestión que no les atañe. Es este el mundo en el que vivimos ¿queremos seguir así? ¿Debemos acatar las tesis conservadoras?¿El orden de este mundo es así y así debe seguir? Dejemos pues de lado, el arte y la poesía, olvidemos buscar el origen y fin de nuestro universo y la vida. Vayamos a lo pragmático, somos obreros que trabajan para subsistir y mantener en su posición a los poderosos. Muy triste es esta visión del mundo, donde sólo debemos ser educados para servir  a la maquinaria productiva y la única finalidad de la existencia sea cuadrar cuentas.

miércoles, 1 de enero de 2014

¿Año Nuevo, vida nueva?

Feliz Año Nuevo. Comenzamos el año pidiendo la realización de nuestros deseos y anhelando un futuro mejor. Es innato en la naturaleza humana. La mayoría de nosotros hacemos extensibles estos deseos a nuestros seres queridos y en general, a todo el mundo. Creo que es esta nuestra máxima evolución, considerar nuestro futuro mejor si es en común o dicho de otra manera que el bien común revertirá en el nuestro propio. Ese afán de mejora nos lleva a intentar superar nuestras cargas, pesares o problemas del pasado con un lema muy extendido: Año Nuevo, vida nueva.
Sin embargo, el mundo de la política, que es decisivo en cuanto que lleva asociadas la gobernación y la legislación de la sociedad en la que vamos a vivir, parece ser más inmóvil y poco evolucionado. He podido comprobar que en febrero de este recién acabado 2013 el Sr. Rajoy declaró en un evento ante inversores extranjeros (las ruedas de prensa ante periodistas españoles durante el año se pueden contar con los dedos de la mano) lo siguientes: "A finales de 2013 habrá crecimiento". Además estaba dispuesto a que los partidos sean más transparentes y que siempre estaría abierto al diálogo y a escuchar a todo el mundo sobre el futuro de Cataluña. 
Ya hemos vivido el final de 2013 y no estoy seguro si el crecimiento que consideraba era el paupérrimo 0,1% que subió el PIB en el último trimestre y que no compensa el 1,1% de decrecimiento anual o el último dato del paro en noviembre con un descenso de menos de 2500 personas frente a los millones de parados en total. Más allá de los datos macroeconómicos podemos notar cómo cada vez se gana menos dinero y aumentan los gastos, incluido el polémico pero fundamental gasto en energía. Por otra parte, la transparencia en los partidos no creo que se defina muy bien en la ley que se ha propuesto mientras que por otra parte se obstaculiza la ley en el caso Bárcenas, como se puede deducir del borrado de los discos duros y la necesidad de un registro judicial recientemente.
Así que Año Nuevo y mentiras viejas, se ha acabado el año apelando de nuevo a la mejora en 2014, esperemos que sea de esta manera. Lo que no está tan claro es que sea gracias a esa reiterada coletilla "gracias a las reformas emprendidas" porque lo que estás reformas han conseguido de manera inmediata es que el despido sea más barato para las empresas y haya facilitado el paso de muchos trabajadores al mundo del desempleo. 
Pero son días de esperanzas y eso no pasa inadvertido por ello nos las venden y de paso rematan el año aumentando el gasto médico de los pensionistas con su cada vez más maltrechas pensiones y con una ley antiabortista que se asemeja más a la de un régimen islamista que a la de un país europeo moderno.
A pesar de todo, creo que algún día seremos capaces de lograr una mayor felicidad en todo el mundo, es lo principal, ser feliz. Por ello, el ser humano en su infinita capacidad de olvido es capaz de aparcar estos temas y disfrutar de estos días de celebraciones. Yo lo hago y lo recomiendo, pero pasadas estas entrañables fechas, recuperemos la memoria. Mi deseo este año: Año Nuevo, políticas nuevas (más justas, solidarias y que se transformen en mejoras efectivas en nuestras vidas más allá de datos macroeconómicos y pagos de deuda).

viernes, 22 de noviembre de 2013

Los listos

El mundo es para los listos. Esta frase la hemos oído a menudo. Desde un punto positivo puede ser un incentivo para despertar, para avivar nuestra inteligencia y ambición de vivir y progresar.  Ser avispado, vivo, ingenioso, pillo puede parecer algo acertado. Incluso si las acciones cometidas son moralmente reprobables, el espíritu del pícaro español tantos siglos ensalzado los cubre de una impunidad simpática. Pero claro, esto no es más que un elogio al egoísmo. Porque el pillo puede aprovechar una situación en un momento determinado pero si pasa a ser costumbre estamos ante  una forma de vivir individualista y apartada de la sociedad. No pretendo estigmatizar al que se cuela en el supermercado, se escaquea en el pago del fondo común o se escapa del trabajo en cuanto puede pero cuando este modo de actuar se convierte en un modo de vida, en una explotación de la mayoría de la sociedad, tenemos otros tipos de listos.
Hay numerosos casos de gente que ha tomado la frase inicial como lema vital y tenemos listos que más bien son aprovechados, sinvergüenzas, gente sin escrúpulos, mangantes, explotadores, interesados o simplemente caraduras. Me refiero, por  ejemplo, a aquellos que sacan su dinero a otros países para no pagar impuestos, a aquellos banqueros que sabiendo que unas personas mayores iban a perder los ahorros de una vida les embaucaron para vender productos financieros que eran una ruina, a aquellas grandes compañías que presionan a los gobiernos con el poder de su capital y logran legislaciones totalmente ventajosas para ellos e injustas para los ciudadanos, a aquellos países que vendieron el sueño de una Europa común cuando lo que querían un mercado con consumidores y mano de obra barata libre de aranceles, a aquellos que manipulan la información de los medios de comunicación públicos para desinformar y promocionar sus políticas por encima de la verdad objetiva y el servicio al ciudadano.
Sí, lamentablemente hay más ejemplos y muchos de rabiosa actualidad porque de manera repetida durante cada día de estos años de crisis se ha creado la situación ideal para muchos de estos listos que cual carroñeros aprovechan la situación para manejar a las masa desesperada. Así, un gobierno aprovecha la necesidad de ahorro económico para recortar servicios públicos fundamentales como sanidad y educación para beneficio de personas privadas, para acabar de un plumazo con derechos obtenidos por los trabajadores tras décadas de lucha social, para limitar el derecho a la protesta mediante leyes retrógradas con el cobarde argumento de mantener el orden entre las gentes de bien (siempre me ha intrigado a quiénes se refieren en esos casos), para preparar en definitiva un mundo mejor para unos pocos, limitar el estado de bienestar de los ciudadanos y controlar y vapulear cualquier protesta o revuelta ante tamaña injusticia.
 Los listos no han tenido escrúpulos en ningún estamento, más allá de alcaldes corruptos, sindicalistas ladrones, duques estafadores asistimos estupefactos, y yo personalmente horrorizado, a la falta de castigo a todas estas acciones. A una justicia que se muestra cada vez menos universal y claramente desigual. Porque los listos juegan bien sus cartas y, ya sea por una legislación injusta, por unos trucos dilatorios y tramposos de abogados  vendidos o por unos jueces y unos fiscales bajo coacciones interesadas y presiones de los poderosos, salen impunes.

Si somos tolerantes ante todas estas argucias, si nos limitamos a decir ante los casos de nepotismo y apropiación indebida del dinero público el “yo haría lo mismo”, nos abocamos a una sociedad injusta, egoísta e insolidaria, es decir, una sociedad sin futuro. Le damos todo el poder y abrimos las puertas a todos estos listos, y si ellos van de listos nosotros quedamos como………. eso. En definitiva, tenemos una sociedad que pierde cada vez más en manos de unos pocos y es hora de que como mínimo denunciemos a todos los que se están pasando de listos.

lunes, 15 de julio de 2013

Miedo al olvido


En estos momentos siento cansancio y miedo al olvido. Es realmente agotador tener que desmenuzar la realidad que existe tras el bombardeo de noticias y declaraciones de los políticos. Éstas son variadas y en su mayoría tramposas, algunas surrealistas, otras absurdas e incoherentes, muchas directamente inciertas. Cuando todo se niega hasta que es verdad y el cinismo impera, cuando se inventa un nuevo lenguaje en el que recorte se traduce como ajuste, empleado en un centro privado como funcionario de la casa, relación contractual como despido diferido y documentos presentados como rumores, cuando se piensa que, en general, la gente es estúpida, uno ya ha agotado la indignación, el estupor, la rabia y la impotencia. Ahora queda claro que la verdad se intenta vencer con la mentira repetida, porque lo que más se hace oír parece quedar como lo cierto. Ahora la responsabilidad política sólo se puede determinar por el dictamen de un juez.  Es todo tan repetitivo que reconozco mi dificultad para sustraerme del torbellino al que nos arrastra la desinformación.

Tras toda la información aportada sobre el asunto Bárcenas me niego a observarlo como un simple incidente, como una actuación personal de un sinvergüenza (al que todos apoyaban hasta que la fuerza de los documentos dejó en evidencia a las falacias). Aquí me parece el asunto tan simple como grave. Una serie de grandes empresas pagaron un dinero fuera de las condiciones legales a un partido, cuyos miembros utilizaron tal dinero para su propio disfrute. Estas grandes empresas, por supuesto, no tienen fines altruistas al aportar estas cantidades. Es una inversión más y muy lucrativa. Aporto un dinero que luego me será devuelto en mayor cantidad a través de suculentos contratos con mis empresas. Todos muy legales, por supuesto, se cumplen los pliegos de los concursos, otra cuestión de mucha más dudosa ética es si las condiciones de éstos no estuviesen hechas a la carta. En definitiva, ese dinero que acaba en manos de unos pocos tras ser comprados otros con la capacidad de controlarlo viene de las arcas públicas, de nuestros impuestos, de aquellos que aportan dinero para la mejora de una sociedad y que queda en manos de unos pocos que asumen el papel de padres de la patria y creadores de empleo y riqueza para todos. Es la broma final y macabra de este sistema y todo lo que se diga será encubrir los hechos y la realidad. Todo lo que pretenden los grandes timadores es que el tiempo pase porque el tiempo trae el olvido, porque la mentira continua agota al ciudadano y así que, en el momento de asaltar el poder, en las elecciones,  todo sea un hecho pasado y superado y que la rueda siga girando en la dirección de su provecho. Aquí nadie dimite, nadie se aparta de la gran ubre que ordeñan, el dinero de todos los españoles. La responsabilidad política es nula y los "listos" parecen tener bula para todo. Tengo miedo a que el olvido nos lleve a repetir los errores que nunca se han de cometer, soportar los abusos de los poderosos en un régimen democrático.

lunes, 27 de mayo de 2013

Confianza

La persona que junto con el presidente quizás tenga, oficialmente, mayor responsabilidad en las decisiones que nos deben de ayudar a salir de la crisis es, sin duda alguna, el señor Luis de Guindos, Ministro de Economía. Que esta persona diga en un acto en la Comunidad Valenciana que esta comunidad ”está siendo la locomotora de la recuperación”, parece una broma de mal gusto para aquellos que vivimos aquí y sabemos la dureza de los recortes realizados, sobre todo en sectores tan sensibles y vitales como la sanidad y la educación. Más si cabe si recordamos los continuos impagos a las farmacias y la patente falta de liquidez por el continuo y futuro pago de una deuda generada tras un gran dispendio en diversas actividades festivas y de autobombo.
En ese mismo discurso el Sr. Ministro habla de la trayectoria de España e indica que "pone de manifiesto que hemos recuperado una confianza que España no debería haber perdido nunca". Esa primera persona del plural ¿a quién engloba? Si se quiere referir a la mayoría de los españoles ¿de qué datos dispone para arrogarse esa opinión común? Debe sin duda de disponer de una información directa y abundante de la opinión de la ciudadanía y, al parecer, yo la percibo bastante distorsionada puesto que me da la sensación de que ocurre todo lo contrario. Pero ante todo hace uso de esa palabra mágica que nos sacará de la crisis: CONFIANZA. Era la clave para resolver la crisis, todas las medidas de austeridad, esa reforma laboral dura para el trabajador, todos esos sacrificios demandados a los ciudadanos tenían un objetivo principal, la recuperación de la confianza por parte de los mercados. Eso traería la solución ¿será a esos mercados, esos entes oscuros que manejan de manera fundamental nuestra economía y por tanto, nuestras vidas, a quien se refería en ese plural común?
Es difícil a estas alturas, precisamente, tener confianza en esas palabras. Ya han sido muchas promesas, muchas ilusiones para el futuro, que cada vez se hace más lejano, igual que se pide una prorroga en Europa para reducir el déficit se pide constantemente paciencia al ciudadano, pero ésta, al igual que el dinero de las arcas públicas se está agotando. Muchos de los ciudadanos que votaron al PP en las últimas elecciones depositaron su confianza en un programa que no se llevó a cabo, muchos incluso tuvieron confianza en que como gobernantes nos sacarían de la crisis, pero tras más de un año en el poder muchos la han perdido junto con su esperanza.
Esa desafección general hacia los políticos que se puede observar a diario en la calle tiene mucho que ver con esa falta de confianza. La corrupción, la escasa respuesta, la exigencia de sacrificios que no es apoyada por restricciones propias, la perpetuación de algunos individuos y en definitiva, la falta de contenido de sus discursos han minado la confianza que es la base de una votación. En unas elecciones, los ciudadanos depositan su confianza en un proyecto. Los políticos son, o habrían de ser, los representantes de los ciudadanos de manera que deben defender aquellas propuestas que hicieron, que convencieron al ciudadano y no mirar a otro lado para volver a proponerlas en periodo electoral. Sí, así de dura es la percepción del votante frustrado, si no es así, ya podrían explicarse mejor a aquellos cuyos votos y paciencia requieren según convenga.
Se podría argüir que la crisis es una cuestión económica, cíclica, global, difícil de controlar, pero en esas cuestiones ¿quiénes son los verdaderos depositarios de la confianza? Los bancos. Nuestro dinero se guarda en entidades en las que se confía, que no van a perder tu dinero, que van a cuidar de aumentar tu patrimonio. Así se presentan los bancos. No hay más que investigar un poco en la hemeroteca para observar otra broma pesada del destino. Hubo dos entidades bancarias, dos cajas de ahorros concretamente, que utilizaron la palabra confianza como reclamo publicitario, a saber: Cajamadrid y CAM. Muchos clientes confiaron en estas entidades cuando les ofrecieron esos productos tóxicos que han resultado ser las preferentes. ¿Qué autoridad moral tienen ahora para pedir confianza a los clientes? Llegado el momento todavía tienen un cinismo modelo. El presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, ha declarado recientemente: "No se ha rescatado a los banqueros, sino a los depositantes". ¿Nos seguirán pidiendo confianza después de tan enorme falta de responsabilidad, de excusarse de manera tan vil? ¿Por qué se ha tenido que rescatar a los depositantes sino por la mala gestión de los bancos?
La confianza es la que nos une a esas personas que consideramos amigos. Lo que fundamentalmente los hace diferentes del resto es que podemos confiar en ellos, nuestros secretos, nuestras ilusiones, nuestras opiniones, si se quiebra esta confianza se puede romper la relación. De la misma manera, aquellos que tienen el poder, políticos y banqueros, han de hacer más gestos y utilizar menos palabras, que por absurdas nos pueden parecer hirientes, si quieren recuperar la confianza de los ciudadanos que son los que han de tener el poder. Esta crisis económica ha derivado ante la ineptitud de unos y la falta de asunción de responsabilidades de otros en una verdadera crisis de confianza.