domingo, 15 de marzo de 2015

Dime qué prometes y te diré lo que no haces

Se veía venir con el año nuevo: promesas, promesas y más promesas. Aunque oficialmente haya campaña electoral en Andalucía, desde principio de año se ha empezado el asalto al poder mayor, que reside en el Gobierno estatal, de camino, las elecciones autonómicas. No se puede entender de otra forma que ahora se quieran tomar medidas como la última, para “ayudar a autónomos”,  cuando se les ha asfixiado con una exigente fiscalidad durante todo el mandato.
Lo más increíble es intentar colar una medida como una mejora cuando es lo contrario. Me refiero a la nueva ley de enjuiciamiento criminal. Más allá del absurdo juego de palabras entre imputado o investigado (como si tener a alguien bajo sospecha en un cargo público fuera más tranquilizador), obligar por ley a terminar un proceso judicial es tan absurdo como malintencionado. Está claro que deseamos una justicia rápida pero también eficaz y como la propia palabra indica, justa. Tal vez la dilatación en el tiempo de casos que afectan directamente al partido gobernante, como el caso Gürtel o el caso Bárcenas, haya llevado a esta pantomima que encima según el Gobierno deberíamos alabar. El problema no es el largo tiempo sino la causa de esta dilatación. Los jueces necesitan, y así lo han solicitado en varias ocasiones, personas especialistas en asuntos económicos para intentar desenredar estas complicadas tramas para esquilmar las arcas públicas. Sin embargo, no se ha hecho caso, al contrario se aprueba esta ley al tiempo que se borran ordenadores, se ponen trabas desde Hacienda y se presume de querer transparencia. Todo esto además, palabras textuales de la Vicepresidenta: “responde a una demanda social muy clara”. No sé si tiene claro que la sociedad demanda el fin de la corrupción y sobre todo que no se encubra a los corruptos y esto se hace con mayor colaboración y menos temporalizaciones.
En definitiva, las palabras abundan, los gestos hablan. Con esta avalancha de promesas que nos vienen necesitamos un esfuerzo para que las palabras no tergiversen la realidad. Por ejemplo, se repite hasta la saciedad que lo privado funciona mejor y con la continua privatización o externalización de servicios en sanidad, no se observa una mejora en el servicio, al contrario, hay un claro deterioro, todo con los recortes como excusa y el negocio para unos pocos como resultado. Otro ejemplo, el libre mercado permite competitividad y mejorar los precios, pensemos en el sector energético, sobran más palabras.

Así pues, cuando día tras día veo repetir promesas tan vagas como repetitivas, pienso que para ser político de primera fila no es necesaria una sólida formación en derecho, ni en economía, ni en idiomas, ni en negociaciones, sobre todo hay que tener poca vergüenza o poca memoria.

martes, 3 de febrero de 2015

Pacto de cara a la galería

Las ejecuciones llevadas por representantes del Ejército Islámico nos presentaron a un grupo islamista radical y violento que fue desplazando a Al Qaeda en las portadas más siniestras para mostrarse en sus diferentes y desgraciadas variantes: secuestros y ejecuciones de periodistas, ataques de individuos en solitario intentando causar el mayor número de víctimas, etc. Sin duda, una de sus acciones más impactantes fue el ataque a la redacción de la publicación humorística francesa Charlie Hebdo. A partir de este hecho, se ha elevado el tono de alarma entre los gobernantes, que saben muy bien el poder que el miedo ejerce sobre la población.
No es de recibo que sea ahora cuando se sienta la urgencia de cambiar la legislación y extremar el estado de alerta ya que, la existencia de estos grupos ya se conocía de hace tiempo ¿es verdaderamente la necesidad de proteger a los ciudadanos lo que ha llevado a la búsqueda de un pacto? ¿No se podía haber hecho antes?¿No será otra maniobra para ganar popularidad ante las cercanas elecciones? El peligro del terrorismo islámico en países europeos  ya se conocía, por desgracia, en este país que sufrió duramente sus consecuencias. En su momento se aumento la vigilancia para evitar que actos de violencia terrorista se repitiesen. Desde luego, hay que evitarlo pero también cortar la raíz, el adoctrinamiento, y por tanto, mejorar la situación de las personas que, por falta de educación o por vivir en una situación desesperada en la que no tienen nada que perder, se lanzan a una llamada Guerra Santa que es la burda excusa de unos locos asesinos.
El pacto antiterrorista PP-PSOE ha sido una escenificación para salir en la foto y en los noticiarios. El PP se quiere mostrar así como garante de seguridad, el PSOE como partido capaz de sacrificar sus diferencias por el bien común. Personalmente, creo que ha sido un esperpento ridículo. El PSOE entra de lleno en un doble juego en el que ha estado girando a la izquierda para recuperar votos de los decepcionados, al tiempo que busca mostrarse como una fuerza estable ante la imagen más revolucionaria de Podemos. En esta bifurcación en busca del voto perdido hace algo tan absurdo como firmar un pacto y a continuación afirmar que derogarían cualquier propuesta de cadena perpetua revisable si gobiernan. He leído el acuerdo y todo parece razonable salvo precisamente el primer punto. Se define de manera tan vaga lo que se va a considerar terrorismo que, en interés de la seguridad público (o atemorizando con cualquier amenaza), se pueden considerar muchas acciones como terrorismo. Ese apartado uno huele realmente a represión y tal vez por eso en la conseguida foto se ve sonreír triunfalmente al representante del PP mientras le flanquea el del PSOE con sonrisa de circunstancias.
En definitiva, una nueva muestra del populismo que tanto le gusta echar en cara el PP a Podemos. ¿Serán capaces de considerar a esta formación, que han demonizado, como una amenaza y considerar sus manifestaciones como peligro terrorista? Sinceramente, esté de acuerdo o no con lo que diga Podemos, me parece antidemocrático utilizar el miedo y echarse las manos a la cabeza imaginando una victoria de este partido como único argumento en su contra. Ya podía el PP en su búsqueda de pactos haber intentado un acuerdo en materia educativa que tal vez sea más urgente para nuestro futuro que amenazas apocalípticas.


jueves, 1 de enero de 2015

La esperanza del Año Nuevo

Ser optimista está en la naturaleza humana. La mayoría lo somos. Es una estrategia de supervivencia, al ser optimistas buscamos maneras de mejorar, descubrir cosas que permitirán un futuro mejor. Sobre la naturaleza humana y cómo reaccionan las masas saben mucho aquellos asesores bajo cuyo dictado se escriben muchos de los discursos de los políticos y, en este inicio de año, esto ha quedado manifiesto de nuevo. El presidente del Gobierno ha dicho que 2015 “será el año del despegue definitivo”.  Por supuesto, que eso es lo que deseamos todos pero en año electoral hemos de saber distinguir muy bien entre los anhelos y la realidad. Como llevamos escuchando año tras año el mismo cuento, este año será mejor, el Presidente añade “Hace un año pronostiqué un 2014 mejor y se ha cumplido con creces". La apostilla final “con creces” hace que mi indignación sea mayor, ¿ha sido un año fabuloso?¿Para quién? Está claro que los bancos han mejorado su situación y sus beneficios, no era de esperar otra cosa tras recibir millones de euros que el resto de ciudadanos deberemos devolver por ellos. ¿Era ese el objetivo cumplido con creces?

Este nuevo año es electoral por partida doble y me temo que con seguridad habrá un bombardeo de manifestaciones alabando lo maravillosa que es la situación en este país, sí tal cual, tan fuera de la realidad. Además el ministro de Economía puso la guinda diciendo que “se ha perdido el miedo a perder el puesto de trabajo”. Me extraña mucho que esto se corresponda con una realidad en la que tener trabajo parece más un privilegio que un derecho aunque tal vez se refiera a ese otro aspecto que es la calidad del empleo generado. La temporalidad y los sueldos mermados tal vez hagan que se pierda el miedo a perder tan poco.


Pero como yo también soy  optimista, espero y deseo que estas personas que tan poca confianza me inspiran por la irrealidad de sus declaraciones se alejen del poder en este nuevo año. Mi anhelo es que unifiquen la fecha de las elecciones autonómicas con las generales, no sólo para acelerar ese proceso, sino para no tener que aguantar durante todo el año los artificios verbales que quieren sembrar la confusión y atrapar al elector incauto. Cansado quedé ya en el 2014 de tanto sinvergüenza revestido de supuesta respetabilidad.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Indignación verdadera

El 15 de mayo de 2011 miles de ciudadanos salieron a las calles para protestar contra la gestión que los gobernantes hacían de la crisis económica. El problema del paro se acrecentó con el cambio de Gobierno acompañado de duros recortes en los servicios públicos y con la aparición de casos de corrupción política como el caso Gürtel, caso Bárcenas y los ERE de Andalucía. En todos esos casos la reacción de los políticos era la misma, respaldo a los implicados y negación de relación sólo cuando prácticamente iban camino de la cárcel. Lejos de tomar medidas decisivas para atajar el problema parece que los implicados son cada vez más, algunos muy cercanos a miembros importantes del PP, como el último caso, muy llamativo, un caso de corrupción por contratos bajo sospecha con una empresa (para que el caso sea más sangrante, una empresa de ahorro energético) con multitud de ayuntamientos de Madrid y que como uno de los cabecillas parece tener al Sr.Granados, uno de los principales apoyos de Esperanza Aguirre en el gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid.
La gente se pregunta por qué no se controla más esta aparente connivencia de muchos gobiernos con empresarios que buscan su provecho y lo consiguen untando a otros sinvergüenzas que también lo hacen desde un cargo público. A los ciudadanos sólo nos queda el recurso de la protesta (en la forma restrictiva que quiere permitir el gobierno con su reciente nueva ley de seguridad ciudadana) y en las urnas que es nuestro auténtico poder en una democracia.
Aunque se encuentren casos totalmente reprobables, los políticos son necesarios y no es correcto ni justo meter a todos en el mismo saco. De la misma manera, tampoco es justo que a los empresarios, fundamentales en la economía como creadores de empleo, se les culpe. Sin embargo, ambos colectivos han de hacer más que simples gestos y obrar con verdadera determinación ante estos casos. No se puede como políticos negar implicaciones con compañeros a los que luego repudian con total desvergüenza como si el pasado común no existiese. No deben tampoco los empresarios apoyar a aquellos que no respetan las normas y se quieren enriquecer por medios ilícitos. ¿Qué imagen dan los empresarios cuando el anterior presidente de la organización más importante, la CEOE, acabó en prisión? ¿Qué imagen vuelven a dar cuando el presidente de esta organización en Madrid ha estado implicado en el caso de las tarjetas B y sigue en su puesto? ¿Defienden de verdad el modelo de amiguismo tan dado en dictaduras y que son germen infalible de corrupción? Dicen que es la cultura española pero eso reconocer que seremos tan incultos como la mayoría de la población hace un siglo. Se debe evolucionar, ya está bien de lograr prebendas a base de amiguismos y connivencias ilícitas. Como ciudadanos demandamos no sólo políticos honrados sino empresarios íntegros que se muevan por la simple ambición sin proyección de futuro. Si no es así, que no cuenten con la implicación de una mayoría a la que me adhiero.

No observo en el Gobierno ningún gesto para mejorar este aspecto fundamental, es más, sigue con gestos electoralistas que suponen un insulto a la inteligencia. La última, el intento de apropiación de la palabra que más suena en las protestas, la indignación. En menos de cuatro días, el Sr. Pons, la Sra. Cospedal y el Sr. Rajoy han pronunciado la misma palabra al hablar de los últimos casos de corrupción: indignación. Que los causantes de gran parte de ésta, se muestren ahora como indignados, no sólo me causa y estupor sino también repugnancia. ¿Se puede ser más miserable?

domingo, 12 de octubre de 2014

Por qué Ana Mato debe dimitir

Ante la alarma que se ha producido por el contagio de una de las auxiliares de enfermería que atendió a unos de los enfermos de ébola españoles repatriado, muchas voces han reclamado la dimisión de la Ministra de Sanidad, Ana Mato. Me uno a esas voces. Solicito su dimisión.
Es una vergüenza reclamar lo que en muchos países con un bagaje democrático mucho mayor que el de nuestro país, es práctica habitual. Los políticos cuyas decisiones han resultado ser errores manifiestos asumen sus responsabilidades y dimiten, aunque sea por decencia política, algo de lo que parecen carecer los mandatarios de nuestro país. Por no hablar, de aquellos políticos salpicados por algún caso de corrupción en otros países, que dimiten ante la mirada reprobatoria de sus compañeros de partido, que rechazan inmediatamente su actitud y no esperan a ningún veredicto judicial.
Porque Ana Mato, en realidad no es que deba dimitir, es que ya debería haber dimitido. El caso Gürtel ha salpicado directamente a ahora exmarido, Jesús Sepúlveda. Ya en su momento, la única explicación que dio fue que cuando Jesús Sepúlveda recibió esos regalos ya estaban separados. Se mostró después que había algunos regalos, como viajes, que fueron anteriores y además ante la pregunta concreta de los viajes la actual Ministra de Sanidad contestó que “los viajes se los pagaban ella y su marido”. A pesar de tal cúmulo de incoherencias sigue en su cargo. El resto de miembros del Gobierno y su partido guardan silencio o incluso la apoyan. Sin embargo, como ciudadano no me cabe duda de su incapacidad para continuar como Ministra de Sanidad ya que a la luz de los hechos las conclusiones lógicas son claras: o miente, y por tanto, conocía estos pagos y es cómplice, o, si fueron realizados estos regalos-pagos sin su conocimiento, muestra una cándidez e ineptitud impropias de que alguien en quien se deposita la confianza para dirigir un ministerio de tal importancia.
A esto se une su pésima gestión en el caso del tratamiento del ébola en España. No sé si fue soberbia o ineptitud pero organismos como la OMS ofrecieron su asesoramiento cuando en agosto se repatrió el primero de los misioneros afectados por ébola, sin embargo, no se  utilizó esta información y se dijo que no era necesario. Ahora, se quiere limpiar la imagen con un cambio en el protocolo que llega tarde y vuelve a mostrar lo que es gestionar con improvisación. Si en su momento se hubiera establecido un protocolo para estas contingencias que hubiera estado acompañado de la dotación material y de personal adecuada, no habría necesidad de estos cambios y con bastante seguridad la situación actual sería diferente.
Pero nada esto se hizo y esta crisis sanitaria ha mostrado muchas cosas: que los recortes sí han afectado a la calidad de los servicios sanitarios, que se procura antes  el ocultar información y escurrir el bulto que ser transparentes, que nadie asume responsabilidades y se buscan cabezas de turco (vergonzoso el intento de culpabilizar sólo a la enfermera), que nadie dimite.
En un colofón absurdo se ha establecido un gabinete de crisis del ébola que no dirige la ministra de Sanidad. Si ha demostrado su incompetencia ¿por qué sigue en el cargo? No sé que es peor tener una persona mal capacitada en un puesto de gran responsabilidad o que los compañeros de partido respalden ciegamente a esta persona. La guinda en este caso la puso el secretario nacional de Sanidad y Asuntos Sociales del Partido Popular, José Ignacio Echániz que consideró este sábado que “no es el momento de pedir responsabilidades políticas”. Hay que tener muy poca vergüenza y mucho descaro al pedir responsabilidad a la oposición cuando en su propio partido nadie las asume y durante el periodo anterior, como oposición, montaban verdaderos escándalos y coreaban como niños de colegio en pleno parlamento  “dimisión, dimisión”. Si no se piden responsabilidades políticas ahora, ¿cuándo se podrán pedir?, y lo que es más delirante ¿cuándo algún miembro del Gobierno las asumirá?


domingo, 5 de octubre de 2014

Salvar diferencias

Las diferencias en este mundo son necesarias. Fundamental para la supervivencia de la vida en la Tierra es la biodiversidad. Diferentes formas de pensar permiten la variabilidad de ideas que ofrece un abanico mayor de posibilidades y respuestas a los problemas que se puedan plantear. En resumen, las diferencias permiten una diversidad que enriquece y favorece el futuro de la sociedad. Sin embargo, hay otro tipo de diferencias que nada tienen que ver con la diversidad y sí con abismos que ponen en peligro la convivencia y por tanto, el  porvenir de la mayoría.
Hay distinciones que acentúan el egoísmo del que busca su único provecho, la injusticia y la desigualdad social. El gobierno decidió congelar el sueldo de los funcionarios para contener el gasto público (ya que gran parte de él se ha de destinar para pagar una deuda provocada fundamentalmente por el mayor gasto en prestaciones para el desempleo, el pago del rescate bancario y los despropósitos contables en algunas Comunidades Autónomas). Cuando se acompaña esta decisión con la de aumentar el sueldo a los altos funcionarios del Estado se ahonda en una diferencias. Se apoya de manera explícita una de las consecuencias de la crisis económica: las grandes fortunas aumentan más y los ingresos de la mayoría disminuyen (en unos porcentajes mucho mayores que el reparto del pago de impuestos). Un gobierno que así actúa no está buscando el beneficio de la mayoría de los componentes de la sociedad.
Otra diferencia que está alterando la convivencia en nuestra nación es el referéndum propuesto por el President Mas en Catalunya. No entraré en valorar el derecho de un pueblo a manifestar su opinión pues no creo que en las actuales circunstancias sea este el verdadero detonante de la polémica. El señor Mas ante las dificultades económicas producto de la crisis económica quiso variar el sistema de financiación para evitar parte del pago solidario que Cataluña, como región que crea más riqueza, aporta al Estado. Por un lado esto puede parecer legítimo pero por otro sería lo mismo que si los países más ricos de la UE, alteraran los acuerdos europeos de financiación y hubieran mirado para otro lado cuando los bancos españoles se encontraron con falta de liquidez. Desde el Gobierno de España se hizo caso omiso a esta reclamación, ni siquiera se negoció. La respuesta del Sr. Mas fue radicalizar su discurso y apelar a los sentimientos nacionalistas de Cataluña ahondando en la diferencia en perjuicio de la convivencia, mientras el Gobierno se enrocó en su propio nacionalismo de “una Grande y Libre” y ha estado escudándose en la Constitución para no iniciar ningún contacto que permita acercar posiciones y minimizar diferencias.
Así nos encontramos en una situación que abre una brecha cada vez más grande y que crea un abismo que será progresivamente más difícil de superar. ¿Qué esperan el Sr.Rajoy y el Sr.Mas para sentarse a negociar una solución real? ¿De verdad uno piensa que se han de acatar las órdenes de Madrid como ciudadanos sumisos y otro piensa que los ciudadanos catalanes se han de alzar contra el poder central? ¿No se dan cuenta de que si no se liman asperezas se  van a exacerbar las diferencias y se va a desembocar en un conflicto que puede generar violencia? ¿No hemos aprendido esa dura lección que España tuvo que vivir en el siglo XX?
Una vez más, un gobierno, cualquiera que sea su condición, que no favorezca la convivencia de personas con diferente forma de pensar, cultura, condición económica, lengua, etc., es un mal gobierno.


domingo, 7 de septiembre de 2014

Hoy por ti, mañana por mí

En septiembre comienza el curso tanto educativo como político y serían muchos los asuntos a comentar, pero hoy me voy a limitar a contar un suceso que ayer me devolvió la confianza en el ser humano tras los ejemplos desalentadores de codicia, falsedad, crueldad y fanatismo que abundan hoy en día.

El hecho es simple. Ayer quedé con un amigo para comer en Villena, localidad que  está en fiestas. Eso motivó que el lugar de encuentro se situase en las afueras, cerca de la entrada sur, en una zona de naves industriales. Allí seguiría al coche de mi amigo a un aparcamiento por las calles que no estuvieran cortadas. Tras un breve saludo montamos en nuestros respectivos coches pero el suyo no arrancaba. Bajamos, los intentamos tanto él como yo pero el resultado siguió siendo negativo. Finalmente levantamos el capó en un gesto más imitativo que útil dada nuestra total ignorancia en el tema de la mecánica del automóvil. En ese momento aparcó un coche al lado. Su ocupante era un magrebí que vivía en una de las escasas viviendas de la zona. Se interesó por nuestro problema y ofreció sus pinzas para cargar la batería, no fuera a ser esa la causa. Dada nuestra inutilidad antes comentada, este señor conectó la batería a su coche y cargó la batería durante unos minutos. El coche consiguió arrancar pero enseguida se paró. El señor en un gesto de generosidad se ofreció a llevarse la batería a su lugar de trabajo y cargarla, por la tarde la podríamos recoger y ver si funcionaba. Así lo hicimos.

Por la tarde, acompañamos a este señor que trabajaba en el servicio de recogida de residuos de la localidad y colocamos de nuevo la batería. Desgraciadamente no arrancó. En ese momento, un señor joven salía de su casa con su mujer y sus dos pequeños hijos. Saludó a su vecino y también se acercó a ayudar, había que reprogramar el coche para que funcionase la batería y nos ayudó a ello. Por fin, el coche arrancó, dio una vuelta y parecía funcionar. Mientras, la familia del vecino esperaba en el coche pero eso no  hizo que éste mirase a otro lado, fue solidario y nos prestó su ayuda. El señor magrebí se ofreció a acompañarnos con su vehículo con las pinzas por si se volvía a descargar pero como  su familia también le esperaba para ir a las fiestas declinamos aceptar su generosa ayuda en este caso. No sabiendo como corresponder a ayuda tan desinteresada mi amigo quiso darle una propina que el hombre rechazó tal vez con cierta indignación. “Gracias, no hace falta, hay que ayudarse, hoy por ti, mañana por mí”. Finalmente pudimos marchar, aunque tal y como vaticinó nuestro solícito ayudante, cuyo nombre lamentablemente no logro recordar, el coche se paró. Sí, tal vez hubiéramos acabado antes llamando a la grúa pero un día de fiesta con todos los talleres cerrados este señor y su vecino eran conscientes de la situación y no dudaron en ayudar. Quizás no parezca un hecho extraordinario, pero yo que soy de naturaleza desconfiada seguramente no habría actuado con esa generosidad. Reconozcamos que esa solidaridad suele escasear en nuestras calles, más cuando se trata de ayudar a personas de otras etnias. Tenemos tendencia a generalizar y crear tópicos injustos, a rechazar al diferente y a culparle en los momentos de necesidad. Por otra parte, esa ayuda entre vecinos me recordaba más a los relatos de la infancia de mis padres que a la convivencia en esas enormes colmenas llamadas urbanizaciones. En definitiva, ese gesto de simple humanidad, desgraciadamente no es tan habitual como debería serlo y por eso he querido reflejarlo con mi mayor agradecimiento y como mínimo homenaje a estos héroes anónimos.