Ante tanta información en la actualidad, paremos a pensar, tengamos un criterio y actuemos en consecuencia.
domingo, 8 de diciembre de 2013
Ejercicio de cinismo
La capacidad de algunos políticos de tergiversar y manipular la realidad me asombra cada día más. Al ya repetitivo y no por ello menos falso, "la crisis se está acabando" (que cada uno observe su situación personal en estos momentos y la compare con el comienzo de la legislatura del PP), se suma un ejercicio de cinismo representado con todo su decorado y sus actores. Las declaraciones de la señora Cospedal eufórica tras la desestimación de su demanda prueban una vez más como se puede falsear la realidad sin pestañear. No sé que orgullo se puede sentir cuando se ha hecho trabajar a un juez en balde cuando la defensa es la huida hacia delante del "si tu me acusas yo te acuso a ti" y cuando esta acusación se hace sin ninguna prueba, que es lo que se dictamina en auto del juez. Pero no me extraña de esta persona que con la misma soltura es capaz de decir que recorta la sanidad sin mermar la calidad del servicio (recuerdo para que no se olvide el incidente de los centros de urgencias clausurados). Y como ella muchos más como Ana Mato (abnegada esposa ignorante de los viles manejos de su tortuoso ex esposo). No digo más, soy breve porque tanto cinismo se pone en evidencia por sí mismo.
viernes, 22 de noviembre de 2013
Los listos
El mundo es para los
listos. Esta frase la hemos oído a menudo. Desde un punto positivo puede ser un
incentivo para despertar, para avivar nuestra inteligencia y ambición de vivir
y progresar. Ser avispado, vivo,
ingenioso, pillo puede parecer algo acertado. Incluso si las acciones cometidas
son moralmente reprobables, el espíritu del pícaro español tantos siglos
ensalzado los cubre de una impunidad simpática. Pero claro, esto no es más que
un elogio al egoísmo. Porque el pillo puede aprovechar una situación en un
momento determinado pero si pasa a ser costumbre estamos ante una forma de vivir individualista y apartada
de la sociedad. No pretendo estigmatizar al que se cuela en el supermercado, se
escaquea en el pago del fondo común o se escapa del trabajo en cuanto puede
pero cuando este modo de actuar se convierte en un modo de vida, en una
explotación de la mayoría de la sociedad, tenemos otros tipos de listos.
Hay numerosos casos de
gente que ha tomado la frase inicial como lema vital y tenemos listos que más
bien son aprovechados, sinvergüenzas, gente sin escrúpulos, mangantes,
explotadores, interesados o simplemente caraduras. Me refiero, por ejemplo, a aquellos que sacan su dinero a
otros países para no pagar impuestos, a aquellos banqueros que sabiendo que
unas personas mayores iban a perder los ahorros de una vida les embaucaron para
vender productos financieros que eran una ruina, a aquellas grandes compañías
que presionan a los gobiernos con el poder de su capital y logran legislaciones
totalmente ventajosas para ellos e injustas para los ciudadanos, a aquellos
países que vendieron el sueño de una Europa común cuando lo que querían un
mercado con consumidores y mano de obra barata libre de aranceles, a aquellos
que manipulan la información de los medios de comunicación públicos para
desinformar y promocionar sus políticas por encima de la verdad objetiva y el
servicio al ciudadano.
Sí, lamentablemente hay
más ejemplos y muchos de rabiosa actualidad porque de manera repetida durante
cada día de estos años de crisis se ha creado la situación ideal para muchos de
estos listos que cual carroñeros aprovechan la situación para manejar a las
masa desesperada. Así, un gobierno aprovecha la necesidad de ahorro económico
para recortar servicios públicos fundamentales como sanidad y educación para
beneficio de personas privadas, para acabar de un plumazo con derechos obtenidos
por los trabajadores tras décadas de lucha social, para limitar el derecho a la
protesta mediante leyes retrógradas con el cobarde argumento de mantener el orden
entre las gentes de bien (siempre me ha intrigado a quiénes se refieren en esos
casos), para preparar en definitiva un mundo mejor para unos pocos, limitar el
estado de bienestar de los ciudadanos y controlar y vapulear cualquier protesta
o revuelta ante tamaña injusticia.
Los listos no han tenido escrúpulos en ningún
estamento, más allá de alcaldes corruptos, sindicalistas ladrones, duques
estafadores asistimos estupefactos, y yo personalmente horrorizado, a la falta
de castigo a todas estas acciones. A una justicia que se muestra cada vez menos
universal y claramente desigual. Porque los listos juegan bien sus cartas y, ya
sea por una legislación injusta, por unos trucos dilatorios y tramposos de
abogados vendidos o por unos jueces y
unos fiscales bajo coacciones interesadas y presiones de los poderosos, salen
impunes.
Si somos tolerantes
ante todas estas argucias, si nos limitamos a decir ante los casos de nepotismo
y apropiación indebida del dinero público el “yo haría lo mismo”, nos abocamos
a una sociedad injusta, egoísta e insolidaria, es decir, una sociedad sin
futuro. Le damos todo el poder y abrimos las puertas a todos estos listos, y si
ellos van de listos nosotros quedamos como………. eso. En definitiva, tenemos una
sociedad que pierde cada vez más en manos de unos pocos y es hora de que como
mínimo denunciemos a todos los que se están pasando de listos.
miércoles, 9 de octubre de 2013
El acoso de la mentira
En
muchas ocasiones el engaño tiene más lógica incluso que la verdad. Se puede plantear
una serie de situaciones o aportar datos de tal manera que nuestra razón
asiente sin ir más allá en el análisis de aquello que se nos presenta. Esto
hace el engaño mucho más efectivo, prácticamente infalible y si algo queda
patente en estos días es que en esta sociedad no hay mejores maestros del
engaño que los políticos. Aparecen con sus cifras, estadísticas, estudios y
sacan sus conclusiones totalmente dirigidas a sus intereses pasando por encima
de la realidad si es necesario.
En
su lectura de la vida cotidiana, tan lejos del quehacer diario en sus despachos
y comisiones, los gobernantes presentan una visión que uno no sabe si se
refiere a su país, a un futuro utópico o a tierras lejanas cuyas fantasías
llenan las mentes de los más necesitados de un cambio. Tal vez por esta razón,
me han indignado tanto las etiquetas como “presupuestos de la recuperación” o frases
tramposas como “los salarios no están
bajando sino que se están moderando” o “presupuestos netamente sociales” que
han lanzado en días recientes algunos ministros. Mientras, mucha gente continúa
en el paro, las condiciones laborales se hacen más precarias y los servicios
públicos básicos como educación y sanidad sufren un deterioro manifiesto. ¿Qué
recuperación es esta? Espero que en un futuro nos recuperemos pero ahora mismo
me parece temerario hablar de recuperación. Con unos pocos datos se nos quiere
convencer de una serie de conclusiones partidistas: la mejora es gracias a la
reforma laboral y a los recortes. Dudo mucho que sean la razón y si lo son
están tardando demasiado y lo que es peor están condicionando el resultado de
ésta. Así pues, ¿en qué condiciones quedarán los trabajadores cuando vuelvan al
mercado laboral? Salarios que han bajado bastante su poder adquisitivo,
impuestos más altos para obtener peores servicios y pagar una deuda que nos
lastrará durante años y cuya responsabilidad no ha sido juzgada en ningún
momento.
Esta
mañana ha llegado la guinda. El Sr.Rajoy responde a las quejas del Sr.Rubalcaba
respecto a la pérdida del derecho de atención médica de los emigrantes y al
copago de los medicamentos suministrados en los hospitales. La respuesta es la
típica de estos diálogos de besugos en que se han convertido las comparecencias
en las Cortes, donde no se argumenta nada y se acusa mucho, donde se habla del
tema que les interesa aunque no tenga nada que ver con el asunto en cuestión.
El Sr.Rajoy ha comenzado hablando del aumento de parados entre 2008 y 2011 y a
continuación ha justificado esas duras medidas por la necesidad de conseguir
esa “maravillosa” recuperación. Dentro de esta respuesta ha dicho que se han
conseguido disminuir desequilibrios. ¿De qué desequilibrios hablaba? ¿De la
balanza comercial? Desde luego no será el desequilibrio entre las rentas de los
ciudadanos ya que durante su gobierno ha quedado claro que su manejo de la
crisis ha llevado a los ricos a ser más acaudalados y a los pobres a ver más
comprometida su situación.
En definitiva esta defensa de su gestión, esa insistencia en la recuperación es otra mentira más que forma parte de esa maquinaria poderosa que
tiene como siniestro lema “Una mentira repetida mil veces se acepta como verdad”.
Tal vez sea la mentira más efectiva y ante la que nuestra propia visión de la realidad
nos ha de mantener alerta.
domingo, 8 de septiembre de 2013
Lo legal no es sinónimo de justo
En
esta sociedad, llamada de la información, el manejo subversivo de los términos para
crear confusión nos lleva a la paradoja de tener a nuestra disposición la mayor
cantidad de medios de comunicación sin que ello nos lleve a estar mejor informados.
Reconozco que intentar descubrir la verdad tras tanto subterfugio puede
resultar agotador. Ha quedado claro que son pocos los políticos que ante un
caso de corrupción o manifiesta ineptitud hayan presentado su dimisión. En los
casos de corrupción se apela a la presunción de inocencia y a dejar que actúe
la ley. Pocos han sido los políticos, si es que ha habido alguno, que
se hayan apartado de sus cargos ante la sombra de la duda. Desde los dos
partidos mayoritarios se ha utilizado el mismo argumento para estos casos
(cuando les ha afectado a ellos mismos, claro), no sería justo alejar de la
política a alguien acusado pero no condenado. Habría que recordar que en el
caso de que alguien se aparte de la política puede volver si no es condenado y
se disiparían muchas dudas. Otra cuestión es que el político no sea condenado
pero su imagen se deteriore. En el juicio del famoso caso de los trajes el Sr.
Camps fue exculpado pero su camaradería con el Sr.Correa (te quiero un huevo,
incluido) mostró que lo legal no tiene porque ser ni ético ni moral.
Pero es que lo
legal tampoco es sinónimo de lo justo. La mayoría de los desahucios han sido legales
pero se han conocido muchísimos casos totalmente injustos. He aquí otra
contradicción de nuestro sistema. Según el diccionario de la RAE, legal es perteneciente
o relativo a la ley o al derecho, y unas de las acepciones de derecho es justo.
Las palabras dicen una cosa y, como suele ocurrir, los hechos otra. Es cierto,
que una justicia ideal es muy difícil de conseguir, prácticamente una utopía,
pero cuando se detectan casos en los que esto es así y no se arregla con la
mayor brevedad posible o hay ineptitud o mala intención. ¿Acaso se ha
contagiado la lentitud del sistema judicial al legislativo? ¿Quién es el
responsable de corregir estos desajustes?
La constitución
rige el funcionamiento del Estado y establece una separación de poderes:
ejecutivo, legislativo y judicial. Se supone que el poder judicial ha de
aplicar las leyes, éstas son aprobadas por las Cortes que detentan el poder
legislativo mientras que el Gobierno,
titular del poder ejecutivo, ha de dirigir los distintos ámbitos del Estado
y aprobar normas jurídicas o proponer leyes.
En la actualidad, parece ser que la prioridad en justicia por parte del Gobierno es cambiar la ley del aborto para mayor satisfacción del clero y no
menos estupefacción de muchos ciudadanos que vemos como volvemos a un sistema
retrógrado. Pero lo que es más grave, tras los distintos escándalos políticos y
financieros (casos de corrupción y abusos o flagrantes errores bancarios) no
parecen depurarse responsabilidades ni se siente que se haya hecho justicia. La
facilidad con la que cualquier ciudadano que no observe escrupulosamente la ley
(sobre todo en asuntos económicos) puede acabar en la cárcel parece contrastar
con la dificultad para que entre cualquier político o alto ejecutivo de banca.
Todas estas
sensaciones me llevan a dudar de algunos de los pilares de una sociedad
democrática como la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley o que las Cortes representan al pueblo. Cuando se gobierna con una mayoría absoluta
obtenida con promesas no cumplidas, cuando se rehuyen las explicaciones en las Cortes, cuando las
leyes se muestran favorecedoras a un pequeño grupo exclusivo frente a la
mayoría de los ciudadanos, se rompe la separación de poder legislativo y
ejecutivo. A pesar de las diferencias detectadas entre legal y justo o
precisamente por la observancia de éstas un Gobierno que no es capaz de hacer
frente a las injusticias pierde su legitimidad.
En fin, espero que
recordemos esto, sobre todo en las próximas elecciones cuando estallen los
fuegos de artificio electorales como ha pasado con las olimpiadas, ejemplo
claro de venta de esperanzas, cortina de humo y manipulación de sentimientos para
obtener un evento que pagamos todos pero beneficia a unos pocos (los cacareados
empleos y actividades económicas son migajas comparados con el gasto público,
no nos engañemos, a la Fórmula 1 me remito).
lunes, 15 de julio de 2013
Miedo al olvido
En estos momentos siento
cansancio y miedo al olvido. Es realmente agotador tener que desmenuzar la
realidad que existe tras el bombardeo de noticias y declaraciones de los
políticos. Éstas son variadas y en su mayoría tramposas, algunas surrealistas,
otras absurdas e incoherentes, muchas directamente inciertas. Cuando todo se
niega hasta que es verdad y el cinismo impera, cuando se inventa un nuevo
lenguaje en el que recorte se traduce como ajuste, empleado en un centro
privado como funcionario de la casa, relación contractual como despido diferido
y documentos presentados como rumores, cuando se piensa que, en general, la gente
es estúpida, uno ya ha agotado la indignación, el estupor, la rabia y la
impotencia. Ahora queda claro que la verdad se intenta vencer con la mentira
repetida, porque lo que más se hace oír parece quedar como lo cierto. Ahora la
responsabilidad política sólo se puede determinar por el dictamen de un juez. Es todo tan repetitivo que reconozco mi
dificultad para sustraerme del torbellino al que nos arrastra la
desinformación.
Tras toda la información aportada
sobre el asunto Bárcenas me niego a observarlo como un simple incidente, como
una actuación personal de un sinvergüenza (al que todos apoyaban hasta que la fuerza
de los documentos dejó en evidencia a las falacias). Aquí me parece el asunto
tan simple como grave. Una serie de grandes empresas pagaron un dinero fuera de
las condiciones legales a un partido, cuyos miembros utilizaron tal dinero para
su propio disfrute. Estas grandes empresas, por supuesto, no tienen fines altruistas
al aportar estas cantidades. Es una inversión más y muy lucrativa. Aporto un
dinero que luego me será devuelto en mayor cantidad a través de suculentos
contratos con mis empresas. Todos muy legales, por supuesto, se cumplen los
pliegos de los concursos, otra cuestión de mucha más dudosa ética es si las
condiciones de éstos no estuviesen hechas a la carta. En definitiva, ese dinero
que acaba en manos de unos pocos tras ser comprados otros con la capacidad de
controlarlo viene de las arcas públicas, de nuestros impuestos, de aquellos que
aportan dinero para la mejora de una sociedad y que queda en manos de unos
pocos que asumen el papel de padres de la patria y creadores de empleo y
riqueza para todos. Es la broma final y macabra de este sistema y todo lo que
se diga será encubrir los hechos y la realidad. Todo lo que pretenden los
grandes timadores es que el tiempo pase porque el tiempo trae el olvido, porque
la mentira continua agota al ciudadano y así que, en el momento de asaltar el
poder, en las elecciones, todo sea un
hecho pasado y superado y que la rueda siga girando en la dirección de su
provecho. Aquí nadie dimite, nadie se aparta de la gran ubre que ordeñan, el dinero de todos los españoles. La responsabilidad política es nula y los "listos" parecen tener bula para todo. Tengo miedo a que el olvido nos lleve a repetir los errores que nunca
se han de cometer, soportar los abusos de los poderosos en un régimen
democrático.
lunes, 27 de mayo de 2013
Confianza
La persona que junto con el
presidente quizás tenga, oficialmente, mayor responsabilidad en las decisiones
que nos deben de ayudar a salir de la crisis es, sin duda alguna, el señor Luis
de Guindos, Ministro de Economía. Que esta persona diga en un acto en la
Comunidad Valenciana que esta comunidad ”está siendo la locomotora de la
recuperación”, parece una broma de mal gusto para aquellos que vivimos aquí y
sabemos la dureza de los recortes realizados, sobre todo en sectores tan
sensibles y vitales como la sanidad y la educación. Más si cabe si recordamos
los continuos impagos a las farmacias y la patente falta de liquidez por el
continuo y futuro pago de una deuda generada tras un gran dispendio en diversas
actividades festivas y de autobombo.
En ese mismo discurso el Sr.
Ministro habla de la trayectoria de España e indica que "pone de
manifiesto que hemos recuperado una confianza que España no debería haber
perdido nunca". Esa primera persona del plural ¿a quién engloba? Si se
quiere referir a la mayoría de los españoles ¿de qué datos dispone para
arrogarse esa opinión común? Debe sin duda de disponer de una información
directa y abundante de la opinión de la ciudadanía y, al parecer, yo la percibo
bastante distorsionada puesto que me da la sensación de que ocurre todo lo
contrario. Pero ante todo hace uso de esa palabra mágica que nos sacará de la
crisis: CONFIANZA. Era la clave para resolver la crisis, todas las medidas de
austeridad, esa reforma laboral dura para el trabajador, todos esos sacrificios
demandados a los ciudadanos tenían un objetivo principal, la recuperación de la
confianza por parte de los mercados. Eso traería la solución ¿será a esos
mercados, esos entes oscuros que manejan de manera fundamental nuestra economía
y por tanto, nuestras vidas, a quien se refería en ese plural común?
Es difícil a estas alturas,
precisamente, tener confianza en esas palabras. Ya han sido muchas promesas,
muchas ilusiones para el futuro, que cada vez se hace más lejano, igual que se
pide una prorroga en Europa para reducir el déficit se pide constantemente
paciencia al ciudadano, pero ésta, al igual que el dinero de las arcas públicas
se está agotando. Muchos de los ciudadanos que votaron al PP en las últimas
elecciones depositaron su confianza en un programa que no se llevó a cabo,
muchos incluso tuvieron confianza en que como gobernantes nos sacarían de la
crisis, pero tras más de un año en el poder muchos la han perdido junto con su
esperanza.
Esa desafección general hacia los
políticos que se puede observar a diario en la calle tiene mucho que ver con
esa falta de confianza. La corrupción, la escasa respuesta, la exigencia de
sacrificios que no es apoyada por restricciones propias, la perpetuación de
algunos individuos y en definitiva, la falta de contenido de sus discursos han
minado la confianza que es la base de una votación. En unas elecciones, los
ciudadanos depositan su confianza en un proyecto. Los políticos son, o habrían
de ser, los representantes de los ciudadanos de manera que deben defender
aquellas propuestas que hicieron, que convencieron al ciudadano y no mirar a
otro lado para volver a proponerlas en periodo electoral. Sí, así de dura es la
percepción del votante frustrado, si no es así, ya podrían explicarse mejor a
aquellos cuyos votos y paciencia requieren según convenga.
Se podría argüir que la crisis es
una cuestión económica, cíclica, global, difícil de controlar, pero en esas
cuestiones ¿quiénes son los verdaderos depositarios de la confianza? Los
bancos. Nuestro dinero se guarda en entidades en las que se confía, que no van
a perder tu dinero, que van a cuidar de aumentar tu patrimonio. Así se
presentan los bancos. No hay más que investigar un poco en la hemeroteca para
observar otra broma pesada del destino. Hubo dos entidades bancarias, dos cajas
de ahorros concretamente, que utilizaron la palabra confianza como reclamo
publicitario, a saber: Cajamadrid y CAM. Muchos clientes confiaron en estas
entidades cuando les ofrecieron esos productos tóxicos que han resultado ser las
preferentes. ¿Qué autoridad moral tienen ahora para pedir confianza a los
clientes? Llegado el momento todavía tienen un cinismo modelo. El presidente de
Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, ha
declarado recientemente: "No se ha rescatado a los banqueros, sino a los
depositantes". ¿Nos seguirán pidiendo confianza después de tan enorme falta
de responsabilidad, de excusarse de manera tan vil? ¿Por qué se ha tenido que
rescatar a los depositantes sino por la mala gestión de los bancos?
La confianza es la que nos une a esas personas que consideramos amigos.
Lo que fundamentalmente los hace diferentes del resto es que podemos confiar en
ellos, nuestros secretos, nuestras ilusiones, nuestras opiniones, si se quiebra
esta confianza se puede romper la relación. De la misma manera, aquellos que
tienen el poder, políticos y banqueros, han de hacer más gestos y utilizar
menos palabras, que por absurdas nos pueden parecer hirientes, si quieren
recuperar la confianza de los ciudadanos que son los que han de tener el poder.
Esta crisis económica ha derivado ante la ineptitud de unos y la falta de
asunción de responsabilidades de otros en una verdadera crisis de confianza.
miércoles, 1 de mayo de 2013
La lucha continúa
Hoy, primero de mayo,
se conmemora la lucha de los trabajadores por sus derechos que se simbolizó en
una huelga que acabó con la dispersión de los trabajadores a disparos y
posteriores condenas a muerte para algunos de sus promotores. Aquella huelga
protestaba por el derecho del trabajador a disponer de ocho horas para
trabajar, ocho para dormir y ocho para la casa. Algo tan fundamental en la actualidad costó
muchas vidas y no deberíamos olvidarlo. Más si cabe hoy en día, en que otro
derecho, el del trabajo, que se encuentra registrado en el artículo 35 de la
Constitución Española, no puede ser ejercido por millones de españoles.
Esta situación
dramática en muchos hogares no encuentra una respuesta efectiva por parte de
los poderes públicos. Se habla de la crisis pero no de culpables ni de causas
claras, pero sí se observa de manera cristalina quiénes han sido perjudicados:
los trabajadores. Muchos pierden sus empleos, la gran mayoría sufre recortes en sus salarios,
en la calidad de los servicios públicos básicos y todos padecen la subida de
impuestos. Las decisiones abusivas
que se han tomado en su contra, alentadas por los organismos gestores de la
economía mundial, están minando los derechos y la calidad de vida del
trabajador.
Desde estos organismos, se habló con ligereza e incluso con una cierta euforia del fenómeno
de globalización, tal vez por su sentido de unión de la humanidad. Ahora vemos
que la humanidad no está unida, que hay grandes diferencias, que no todo son
beneficios sino también hay pérdidas. Una de esas diferencias está en ese
derecho fundamental que costó aquellas vidas en el siglo XIX y que se
conmemoran hoy. Esas ocho horas de jornada diaria laboral no se han conseguido
en todo el mundo. Destaca el caso de ese país emergente, llamado por muchos
economistas a ser la potencia mundial del futuro: China. Con sus jornadas
laborales mucho más largas se les ha permitido entrar en el juego del
capitalismo, basado, en un principio, en la oferta y la demanda, en la libre
competencia, pero si hacemos un símil con el deporte, en toda competición todos
han de jugar con las mismas reglas y esto no se ha cumplido en este caso.
¿Han de ser las nuevas
reglas las impuestas desde China?¿Hemos de retroceder más de 100 años y perder
la jornada laboral de 8 horas? Cuidado, no soy agorero, ya hubo intentos de
variar esto en la Unión Europea tras el estallido de la crisis en 2008. Por eso
la lucha continúa, por esta razón los trabajadores han de estar unidos y
protestar, luchar e intentar acabar con los abusos y obtener unos derechos que
permitan una vida libre y digna sin la explotación por parte de los
privilegiados.
En uno de los muchos
círculos viciosos que encontramos en la historia, hoy merecen un recuerdo
especial las víctimas del derrumbe del edificio que alojaba fábricas de textil
en Bangladesh hace una semana. Trabajadores que realizan su labor en
condiciones muy deficitarias para la dignidad humana. Como también las sufrían
en ese mismo país las decenas de víctimas en un incendio de una fábrica también
de textil hace unos meses. Todavía queda mucho camino por andar, aún quedan muchos derechos por
reclamar. El pasado reciente cierra un círculo con el de hace casi exactamente un
siglo, cuando unas trabajadoras de una fábrica de camisas en Nueva York murieron
en un incendio, con las puertas de la fábrica cerradas para evitar protestas de
los movimientos obreros. Este hecho se conmemora todos los días de la mujer
trabajadora, actualmente día de la mujer, porque, en otro frente abierto, hoy
es el día del trabajador sin distinción de sexos y se exigen unos derechos para
todos los trabajadores.
Por esta multitud de
injusticias, atropellos y abusos, queda un camino por andar para romper estos
círculos perversos y poder vivir como seres humanos con dignidad. La lucha
continúa.
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